Woodward, icono de la comunidad portuaria


Carlos Valdez Ramírez

El exitoso empresario manzanillense Guillermo Woodward Rojas, mejor conocido como “El Dueño del Mar”, es considerado un icono de la comunidad portuaria, por la multicidad de negocios que genera centenares de empleos, quien con su acentuado propósito, se adjudicó simbólicamente la propiedad del mar, logrando transformar un sueño que acarició desde niño.

Desde los primeros años de su vida, cuando vivía en Las Brisas, Guillermo Woodward se hizo a la idea de ser grande en el área marítima, haciéndoles creer a sus amigos de la infancia, que él era el dueño del mar.

“En una ocasión jugaba en la arena de la playa con unos carritos, allí había otros niños que también hacían lo mismo y le dije a uno de ellos que si no me prestaba su juguete no lo dejaría entrar al mar, de inmediato se fue llorando a decirle a su mamá que no lo dejaba entrar porque me creía el dueño y la señora fue a reclamarle a la mía y de allí se me quedó el mote de “El Dueño del Mar”, no fue por presunción, más bien se trató de un suceso chusco que ha dejado huella en mi vida”, comentó en visita de cortesía para EL NOTICIERO DE MANZANILLO.

En 1980, Guillermo Woodward tomó el timón de la empresa que había iniciado su padre,  Alfredo Woodward Téllez. Sus estudios de Comercio Exterior le permitieron innovar los procesos de exportación e importación, logrando la patente para poder ejercer funciones de agente aduanal en Manzanillo.

Reveló que hace más de 20 años, su papá y él abrieron mercado en Lázaro Cárdenas, cuando había escasas industrias como la siderúrgica PVC, que exportaba tubos y materiales similares. En ese entonces aún no había carreteras y sólo podían llegar a bordo de un pequeño avión vía Morelia. “Desde aquellos tiempos la ventaja de ese lugar ha sido que tienen mucho espacio para crecer”.

Recordó que hace varios años, tres colegas y él crearon una empresa maniobrista a la que llamaron Ocupa, de la que hace poco se retiró como socio; sin embargo, indicó que su trabajo no se ha minimizado, ya que tiene otras empresas a las que debe destinar parte de su tiempo. “Una de ellas es de fumigación, otra de almacenajes, una más de transporte, dos de seguridad y el servicio de cuatro bodegas en el puerto”.

Destacó que las empresas de seguridad están ligadas a las demás, resaltando que le tiene una estima especial a la agencia aduanal, por tratarse de una herencia que le dejó su padre y que viene desde su abuelo Alberto P. Rojas, quien fue un agente aduanal muy reconocido en Veracruz y en el norte del país. “Aquí en Manzanillo nació mi papá y ejerció como agente aduanal desde los años 40’s”, detalló.

El empresario explicó que se han ampliado a distintos puertos y fronteras para darle un excelente trato a sus clientes. Tienen 9 años en Lázaro Cárdenas, casi una década en Veracruz y son socios en Laredo. “Esta expansión se debe a que los usuarios que nos contratan no tienen un puerto fijo y su preferencia varía, debido a los costos en los fletes marítimos o terrestres, siempre buscando obtener el menos expensivo”.

Reveló que ha sido un hombre de retos, y nos relata una experiencia interesante que al competir en una ocasión contra 7 empresas internacionales. “Teníamos que traer unos tubos al puerto y para poder hacerlo envié a la India a personal mexicano para que se especializaran en su manejo; me traje 6 barcos con tubos que fueron descargados con la ayuda de los trabajadores de la Unión de Estibadores. La mercancía fue enviada a distintas partes de la República y centros de acopio, ubicados desde aquí hasta Guadalajara, quienes recibieron 327 kilómetros de tubería y otros más que se tienen de reserva, que fueron instalados los ductos de gas”.

Por otro lado, indicó que su destino siempre ha estado ligado al mar, destacando que desde hace 5 años tiene una pequeña oficina y una bodega en Miami, allí pusieron un centro de distribución para atender a dos clientes a quienes les llega mercancía de Estados Unidos a Miami, y de México a Miami o de otras partes del mundo para distribuir en centro y Sudamérica.

Describió el empresario que en ese lugar hay muchos latinos, venezolanos y cubanos. “Me sentí como en casa. Primero me fui quedando por 10 días, luego fueron 20, más tarde me traje mi embarcación y me compré una casita, primero para atender los negocios y después la utilicé para el esparcimiento. Me gusta mucho el Caribe porque tiene muchos lugares para navegar, muchísimas islas, todas preciosas, es un lugar que tiene mucha seguridad, eso es algo que todos valoramos”.

Se trata de una de las islas de las Bahamas donde arriban la mayoría de los cruceros. El tiempo que puedo me la paso en la marina, donde tengo anclada mi pequeña embarcación que uso cuando estoy solo; el contacto con el mar me revitaliza –continuó diciendo-.

Para Guillermo Woodward el camino empresarial no ha sido fácil y así como ha tenido empresas exitosas hay otras que no lo han sido tanto, como es el caso de las 2 compañías transportistas. “Una sí es redituable; con la otra he tenido algunas dificultades, me han robado dos tráileres: uno con chile seco, donde era más valiosa la mercancía que el camión, y es que tiene un valor de reventa muy alto en el mercado debido a que lo hacen polvo y lo venden a otras empresas para ponérselas a las papas, jícamas y otros productos, generando una magnífica utilidad de 300% sobre su costo.”

Guillermo Woodward destacó que en este caso a él le pagó el seguro, pero el importador perdió su mercancía; después, le robaron otro tráiler, por lo que decidió dejar de manejar cierto tipo de productos por los riesgos que implican. Ahora selecciona mejor la carga que van a transportar, tampoco se arriesgan con productos dudosos. “La ley es muy clara y específica, cada paquete debe decir qué es lo que contiene. Ni a nosotros ni al transportista del barco o del tráiler nos consta lo que viene adentro, a quien le consta es al importador y eso debe estar señalado en la factura que ampara el envío”, ilustró.

Expuso que ahora se da el lujo de escoger a los clientes, a la mayoría le hacen el reconocimiento aduanero, pero sólo cuando no los conocen bien. “Para muchas empresas que están certificadas no hay necesidad de hacer revisiones antes de despacharlo”.

Sin duda alguna, ‘El Dueño del Mar’, fue sólo la profecía de lo que vendría para Guillermo Woodward; su sueño de convertirse en un hombre destacado y reconocido a nivel nacional se hizo realidad. El mar se ha convertido en su aliado permanente para cosechar éxitos.

A pesar de sus logros, Woodward Rojas no ha perdido la sencillez. La cercanía y convivencia que tiene con sus trabajadores lo evidencian; los años lo han convertido en un bohemio, buen conversador, amante de la buena vida y sobre todo, cuando nos habla de sus aventuras y su gran pasión: el mar.