Violenta situación en el sector educativo


Ramón González Pérez.-

La situación violenta que se vive en el sector educativo del estado de Guerrero, principalmente en la Escuela Normal de Ayotzinapa, no es nueva, lleva varias décadas en que los estudiantes están envueltos en protestas de toda índole, menos educativa, y esto desató una ola de violencia de la que han resultado muertos algunos estudiantes, pero lo más grave es que también personas que nada tienen que ver con los problemas de los supuestos estudiantes.

Por fortuna, en nuestra entidad, en la benemérita Escuela Normal “Profr. Gregorio Torres Quintero”, hoy identificada como Isenco, jamás se han presentado problemas ni de éste ni de otro tipo; los alumnos que cursan su educación normal son estudiantes que en efecto sí estudian, son pacíficos, responsables y respetuosos de las normas que les dictan sus catedráticos y las autoridades educativas.

Con justificada razón, en las décadas del 60’s y 70’s, los egresados de nuestra Normal de Maestros eran muy bien recibidos en cualquier entidad del país a donde eran enviados, pues habrá que reconocer que en aquel entonces, la totalidad de alumnos que egresaban de la Torres Quintero salían con su plaza asignada, nada más que a Colima enviaban un mínimo porcentaje, en tanto que al resto se les asignaba, principalmente, a estados del norte del país.

Por eso causa no sólo extrañeza, sino enojo por la situación que atraviesan las normales del sur del país, principalmente del estado de Guerrero, en donde llevan años sin estudiar, y se han dedicado al secuestro de camiones, cerrando autopistas, robando a los pasajeros y en fin, toda una serie de delitos del orden común y en ocasiones rayando en los del orden federal, esto sin que autoridad alguna intervenga y los ponga en su lugar, que es la cárcel, pues su actitud no es de estudiantes normalistas.

Imaginémonos la clase de maestros que serán, los valores que transmitirán a sus alumnos y la serie de atropellos que van a cometer en las localidades donde sean adscritos si no tienen horas de clase acreditadas, pero sí horas delincuenciales, para lo cual no necesitaron hacer uso de las aulas de su respectiva institución formadora de docentes.

Aquí cabe una reflexión muy interesante, qué harían los dizque catedráticos que tienen a su cargo la formación de estos pelafustanes, porque según se sabe, la planta de docentes sí cobra puntualmente sus sueldos, pero, ¿los desquitarán? Eso debe responder el gobierno del estado de Guerrero y la autoridad educativa de la entidad.

Pugnemos porque en Colima jamás llegue la contaminación de los estudiantes normalistas y sigan generando profesionistas que sirvan de orgullo para la entidad, la normal y los docentes que labran en la misma, engrandeciendo a nuestro estado, como lo hicieron jóvenes que hoy peinan canas y disfrutan de una bien ganada jubilación.

Es cuanto.