Violencia Escolar


Alberto Medina Urgell*

Por mucho tiempo, quizá por siempre, el idioma español es involucrado e impactado con una amplia gama de extranjerismos, que van desde los más fáciles de entender e inicuos por sus aplicaciones simples, comerciales, indicativas, informativas, etc., y otras no tanto, por su complicación explicativa y demostrativa.

En ese tenor, hemos venido aplicando el término bullying, desde luego erróneamente, para referirnos a la violencia escolar que existe en algunos centros educativos: Primarias, secundarias, educación media y superior, misma que en un desfase mayor le llegamos a señalar como acoso escolar, nada más fuera de la tangible realidad que prevalece en el sistema: Escolar-Educativo-Formativo de nuestros hijos, y todo imbuido en la aplicación “alegre” o “festivo” de un extranjerismo, impúdico, nefasto y fatal.

En extenso análisis del término, su aplicación y a donde nos está llevando, podemos asegurar, sin equivoco, que muchas personas mayores probablemente no conocerán el término de bullying, menos si no se les explica que con ello le tratan de ocultar o engañar que lo que realmente se quieres decir es violencia escolar, nada más y nada menos, ya que en sus tiempos de estudio, dicho problema prácticamente no existía, debido a que todos los niños venían con una buena educación desde casa y, además, aquel que intentaba hacer alguna “chulería”, acababa siendo azotado por el maestro de turno.

Sin embargo, a pesar de que hoy en día este tipo de castigos se hayan eliminado por completo en las escuelas, lo cual es bueno, ya que realmente en estos tiempos servirían poco, por aquel entonces, recordemos los adultos, que sí funcionaban.

Y vaya que lo hacían, si no, que se lo pregunten a aquellos que recibieron un reglazo en el trasero o en las manos por hablar en clase; en una escuela de hoy en día eso es completamente imposible, ya que al profesor le caerían demandas por parte de todos los padres y finalmente acabaría en la calle.

Dejando de lado el debate sobre si eso está bien o sobre si deberían volver los métodos de antes, lo que está claro es que la solución actual que las autoridades proponen y aplican, sin consenso alguno con los mismos padres de familia, no está funcionando, y hay que buscar otra con la urgencia que demanda el problema de la creciente violencia escolar en las escuelas mexicanas, empezando, desde luego, a llamarle por su nombre y considerando todas las opciones, además de todas las opiniones de los involucrados en el mismo punto… y decir todos… ¡es todos!

Así es, estimados amigos, amigas, padres y maestros involucrados, hay que buscar otra solución más civilizada, incluyente, certera y ausente de desfases idiomáticos.

 

CONCLUSION

Para solucionar este abominable mal de la violencia escolar, es necesario aplicar la educación en casa por parte de los padres de familia y familiares cercanos; también es fundamental considerar que quizás debido a la vida en sociedad comunitaria de hoy en día, donde todo se hace deprisa y corriendo, casi sin tiempo para atender efectivamente a la familia, se están creando muchos casos y tipos de violencia, pero la más lacerante, porque se da en la etapa formativa del individuo, es la que se da y origina en los centros educativos.

Justo es destacar que repartidos por todo el mundo occidental, los casos de violencia escolar, curiosamente, en el mundo oriental muchos no saben ni de qué trata este término calificativo, ya que en sus escuelas, usos y costumbres, muy pocas veces suceden casos violentos de este tipo. Obviamente hay excepciones como en cualquier lugar, pero no está tan extendido como en Europa y especialmente en Estados Unidos.

Es cuanto.

Regidor del PRI Manzanillo*