Violencia de género o género violento


Ramón González Pérez.-

Si entendemos como género a la diferenciación existente entre los dos sexos con los que se identifica a los seres humanos desde su nacimiento, al hecho de que sea la misma sociedad la que les atribuye una gama de actividades inherentes a esa diferenciación, amén de que en su desempeño se hace más patente el hecho de que son diversas las acciones a desarrollar por el ser humano y que en esas grandes diferenciaciones va implícito el compromiso de realizarlas en base a sus capacidades, que en la mayoría de casos son bastante distintas, debido a su desarrollo físico y en ocasiones a la misma separación de sexos impuesta por la sociedad, debemos entonces identificar como distintos a hombres de mujeres, aunque la realidad sea otra.

En efecto, existen diferencias marcadas entre hombres y mujeres, sobre todo en el desempeño de diferentes labores, en las que se hace necesario adoptar una diversidad de esfuerzos que hacen que los hombres desarrollen acciones para los cuales el esquema corporal de las mujeres hace casi imposible que ellas se desempeñen en igualdad de condiciones físicas.

Sin embargo, para la generalidad de la sociedad, hay actividades para las cuales algunas mujeres se consideran en igualdad de capacidades para el desempeño de trabajos que requieren algún esfuerzo físico, por lo que reclaman igualdad de trato, tanto a hombres como mujeres. Aquí es donde surgen diversas opiniones al respecto, lo que da margen a una diversidad de comentarios, sobre todo al llevarlos al concepto de “género”, el cual, lejos de circunscribirse a la diferenciación de sexos, se generaliza en cuanto a las opciones que la misma sociedad atribuye a cada uno de sus actores.

De ahí que dicha diferenciación nos lleve a la existencia de falta de respeto hacia uno de los géneros, el cual históricamente ha sido el más vapuleado, ofendido y hasta llevado al clímax de la violencia. Me refiero, indiscutiblemente al mal trato que se ha dado históricamente a las mujeres, ahora encuadradas precisamente en el género más maltratado, ninguneado y ofendido.

A tal grado que se llegó a establecer la presencia de una violencia de género, llevada por necesidad o por exigencia al plano legal, estableciéndose incluso sanciones graves a quienes incurran en este tipo de ilícitos.

Mucho se ha dicho y actuado al respecto, sobre todo las agrupaciones en las que supuestamente se lucha por erradicar este tipo de violencia, llegándose incluso a integrar en clubes o asociaciones en las que se oferta apoyo a las mujeres violentadas, argumentándose el riesgo en que se encuentran en caso de seguir expuestas a los maltratos físicos de que son objeto.

Sin embargo, en ningún caso se habla de un análisis sobre lo que origina el maltrato o la disolución del vínculo matrimonial y, por ende, la desintegración incluso de familias completas. En este último caso, se debe llegar hasta las últimas consecuencias del problema, en donde se pudiera identificar a cualquiera los integrantes de la sociedad conyugal como los violentos.

De ahí que precisamente titulé a mi colaboración “Violencia de género o género violento”, pues aunque debemos reconocer que en un elevado porcentaje somos los hombres los causantes de toda clase de problemas, existen casos en los que las que originan precisamente la violencia intrafamiliar son algunas damas, que dicho sea de paso, resultan más violentas que sus parejas.

Lo cierto es que, lejos de concretarse a apoyar a las mujeres víctimas de esta violencia, las instancias correspondientes debieran abocarse a analizar a fondo los orígenes de los problemas y tratar de darles solución por otras vías y no sólo ventilarlos a través de los medios de comunicación o con declaraciones de quienes están al frente de las mismas, con lo cual demuestran que lo que buscan es la notoriedad y publicidad gratuita en aras de otros cargos públicos.

Es cuanto.