Vida obra de Alejandro Rangel Hidalgo


Cuquita de Anda.-

Segunda parte

Para mi Rangel, Nogueras, el tiempo perdido, los muertos y vivos recordados en historias contadas de viva voz, las plantas del jardín, los muros blancos, la mártir chimenea del viejo ingenio, las calles y rumores de Comala, la pequeña capital situada a tiro de escopeta, el calor sinfónico y el Volcán asediante.

A Rangel, claro, yo ya lo conocía en sus tarjetas aquellas que tanto me gustaron, antes de saber de historia del arte y otras impedimentas, cuando tenía el gusto limpio e ingenuo. Las tarjetas terminaron cuidadosamente protegidas en su cajita, amarradas con un cordel en ese vasto cuarto de los objetos perdidos que todos tenemos. Gracias y por culpa de Gonzalo Villa, de nuevo las encuentro en el cuarto de objetos recuperados en Nogueras.

Rangel es un artista altamente individual, pero también es miembro de una prodigiosa cofradía que es la que yo llamo de los artistas de la suave patria. Cofradía, que se opone a la otra, la que celebra en trágico y solemne tono mayor al México de la pirámide de los sacrificios, la que está bajo la advocación de Coatlicue, con su falda de crótalos. Esta exploración por la obra de Rangel me sirve también como acercamiento a una versión, a un estilo de México, a la Suave Patria en su ladera oeste.

Fragmento del libro de Guillermo García Oropeza, “Alejandro Rangel Hidalgo. Artista y Cuentacuentos”.

En los años 60’s, estudiando en Bellas Artes, el maestro Antonio López Mancera me dejó de tarea que se encontrara el libro de teatro de Wagner y mi mayor sorpresa fue que era una escenografía de Alejandro Rangel Hidalgo, ¡yo lo conozco!, grité, y me dijeron que estaba loca, pero yo sabía que era él, el señor guapo alto que mi padre Andrés de Anda le hacía cojines con telas bellas de plantas verdes.

Escenógrafo a nivel internacional, existen libros con sus bellos trabajos con un profesionalismo increíble, y Dios me dio la fortuna de actuar en un teatro donde al abrirse el telón se escuchara al unísono un suspiro profundo “¡ah!”. Desde el inició ya llevábamos las de ganar, 10 por la escenografía del artista Alejandro Rangel Hidalgo.

Quizá porque en su infancia creció en una huerta rodeada de plantas y animales, donde nunca faltaron los naranjos, los mangos, las limas, los crotos y las mariposas. Porque muy temprano descubrió que las cosas de la naturaleza obedecen a formas muy concretas y cada una guarda su color, su olor, su propio sonido. Un lenguaje que pronto intentó atrapar con sus infinitas colecciones de piedras de río, de hojas disecadas, de flores, de plantas pequeñísimas, de animales vertebrados, de insectos mitológicos: Quizá, porque buscando atrapar al mundo por completo Alejandro Rangel se Hizo pintor. Reflexión del Arq. Roberto Huerta San Miguel.

Nació en Colima, el dos de febrero de 1923, a los 11 años viajó a Guadalajara, donde le llamaron la atención los edificios, las plazas y todo ese mundo urbano tan diferente a su natal Colima.

Sus primeros estudios de pintura los hizo con José Vizcarra, pero al terminar la preparatoria su padre quería que fuese abogado, para entonces Rangel ya sabía que su camino era el arte. Regresó a Colima decidido a ser pintor; prefirió ser artista que abogado. A él le gustó más el dibujo que los estudios. Sin embargo, decidió hacerlos por su cuenta, se interesó por la historia, la psicología, las ciencias naturales, por la observación paciente de las plantas y de los animales.

Un día se reencontró con unos antiguos amigos de Zapotlán, tenía un proyecto literario e invitaron a Alejandro para que les ayudara a ilustrar con sus dibujos y a diseñar el logotipo de una modesta revista de literatura.

Se llamaba “Pan”, en honor a un dios griego y la dirigían Juan José Arreola, Antonio Alatorre y Juan Rulfo. Con Arreola y Rulfo dos cumbres de la literatura  mexicana, emprendió una tarea que con la vitalidad juvenil y el enorme talento de estos, llegaría a ser pieza clave en la historia de la literatura contemporánea. Ahí publicaron sus primeros ensayos, los primeros cuentos a los que Rangel ilustró con sus dibujos.