Vendepatrias


René Macías Zamora*

La Reforma Energética me parece que es la peor desvergonzada realizada por el PRI, PAN y Pvem. Regalaron los recursos energéticos a la iniciativa privada, nacional y extranjera, con argumentos realmente risibles, que ni ellos mismos se los creen.

Un regalo que nos perjudica prácticamente a todos los mexicanos, con la sola excepción de los legisladores que la aprobaron, quienes seguramente están recibiendo su “mochada” por su traición a la patria.

Según los senadores priístas y panistas, el panorama energético actual de México es desolador. La Comisión Federal de Electricidad (CFE) está quebrada y no hay manera de que se recupere a menos de que entre la iniciativa privada al rescate, argumento ya gastado de tanto usarse, y siempre con los mismos resultados desastrosos para los mexicanos. Podemos recordar el caso de la privatización de las carreteras, de los bancos, de Telmex, etc.

Imagine usted, amable lector, por ejemplo, que le ofrecen en venta la termoeléctrica a cualquier particular, digamos a un “gabacho”. Se la ofrecen para que haga negocio, y la compra con ese objetivo: ¡Hacer negocio!, no para dar un servicio, como supuestamente es ahora, que es propiedad del gobierno y sostenida por nuestros impuestos y nuestros pagos.

Usted cree que ese particular va a llegar a preguntar “¿qué hace falta aquí?, para corregirlo inmediatamente, cueste lo que cueste”. ¿Usted cree que va a llegar con un costal de billetes para invertirlos? ¡No! Va a llegar preguntando en cuánto se vende la electricidad producida, para incrementar su precio y recuperar el dinero que pagó por las instalaciones en el menor tiempo posible.

Va a llegar preguntando cuántos trabajadores hay en la nómina para ver cuántos puede correr y ahorrar sueldos. Va a tratar de reducir lo más posible los costos, como la atención a fallas en el suministro, en la conservación de líneas; en general, tratará de reducir los costos sacrificando el servicio. Actitud que cualquier negociante tiene, ya que las utilidades son la diferencia entre los costos y los ingresos.

Para el caso de Pemex aplica la misma lógica, sólo que ahí es más negro el porvenir, ya que el interés de los inversionistas extranjeros es el mercado internacional, que es donde se pueden incrementar las ventas. A esos inversionistas además de regalarles el petróleo, les aseguraron que pueden despojar de sus terrenos a cualquier mexicano, les aseguraron a esos particulares extranjeros el despojo por “utilidad pública” de cualquier terreno que deseen utilizar, así sean tierras comunales, ejidales, particulares, reservas, etc. De manera que cualquier actividad energética es prioritaria sobre cualquier otro uso del suelo.

Así, si algún extranjero necesita su propiedad porque sospecha que hay petróleo, gas o quiere poner una torre para conducción de electricidad, un poste de luz o montar una gasolinera, tiene usted tres meses para aceptar la oferta económica que le hagan por su propiedad o le será expropiada; no, perdón, expropiada no (panistas y priístas consideraron que la expropiación es una palabra muy fuerte, así que le cambiaron de nombre, ahora se llama: “ocupación temporal” a ese despojo) será ocupada temporalmente (100 años, 200 años, mil años, los años que sea necesario).

Además, autorizaron, de hecho, la utilización del método del “fracking” para la extracción del gas shale (de esquisto), también conocido como el gas de la muerte y petróleo no convencional, método que nos traerá una destrucción que ni siquiera imaginamos y hará que México viva no sólo el despojo de sus recursos naturales, como el petróleo, sino la catástrofe ecológica al grado de generar muerte en plantas, animales e incluso el hombre, al contaminar tierras, ríos, mares y mantos freáticos.

En este contexto, me pregunto y le pregunto, amable lector, ¿a quién sirven estos legisladores? ¿A nosotros los mexicanos, que pagamos su sueldo? ¿A su partido? ¿A quien? A mí, en lo particular, quienes apoyaron y/o votaron por la privatización de Pemex y la CFE, son unos traidores a la patria, unos vendepatrias que deberían ser juzgados por alta traición.

Lo que sí puedo asegurar orgullosamente es que yo no voté por ellos y mientras sigan con políticas que perjudiquen al pueblo, jamás lo haré. Al contrario, haré todo lo que esté en mi mano para exhibirlos y oponerme a sus traiciones. Lo invito, amable lector, a que cuando lleguen a tocar su puerta para pedir nuevamente su voto para seguir enriqueciéndose (y ya no tardan en ir), recíbales los 500 pesos, la despensa o la tarjeta de Soriana que le van a ofrecer, pero no vote por ellos.

Regidor en el Cabildo por el PRD*.