Vayamos hacia adelante


Antonio Flores Galicia.-

Revisando mis documentos y fotografías del pasado, recordé aquella expresión de un poeta: “Hasta el viento tenía voz, y más al morir la tarde, cuando las flores de la montaña se adelantaron alegrándose de la noche”. Eso es, ¿para qué llorar?, “todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar, pasar haciendo camino, sin descansar”. Actuar, es lo que importa.

Actualmente: “Cuánto me das… yo no fui… castíguenlo… mejor anótame a mí“. ¿Por qué llorar? Seamos valientes, vivamos alegres, gocemos nuestros días, dominemos el día y la noche; caminemos, aunque seamos los últimos del grupo, algún día llegaremos a la meta y seremos los primeros. “Todo pasa y todo queda”.

Todos sufrimos, pero sufren más los que lloran sus penas. Se dice: “Las penas con miel son buenas”. Lo triste será no haber hecho lo que debimos y pudimos hacer. Todos respondemos de la sociedad. A los superiores se les pone para que actúen, animen, ayuden, no para que tengan esclavos.

En una reunión con Juan Pablo II, un obispo no dejaba hablar a los compañeros, exponiendo maldades de sus sacerdotes; el Papa fue categórico: “¿Y usted, que ha hecho por ellos?”. Cada persona es responsable de sí y su entorno. Conozcamos y actuemos en nuestro entorno: “Mira el paisaje: Inmensidad abajo, inmensidad, inmensidad arriba” (Othón). Cuánto hay que hacer en ese paisaje que hacemos: Ambición, envidia, venganza, quitar.

Ese “yo”, sin importar el “otro”. Leyes sociales según convengan a los que las hacen, y ya el gobierno solamente firma lo que redactan economistas, controladores de la sociedad y, en la Iglesia, lo que ocupan los grupitos acostumbrados al gobierno, cualquiera sea el obispo: “¿En qué le ayudo?”, “Ese puesto mejor démelo a mí”.

Urge quitar las expresiones: La Iglesia, el Estado; todos somos igualmente responsables, sin importar religión. Hay espíritu y materia, pero ambos están en nuestro cuerpo y frente a nosotros está la sociedad formada por millones responsables de si y el otro.

Imaginemos al actual presidente, al Papa de hoy y al obispo que tenemos, riéndose o lamentando todas las noticias que les llegan en el día, ¿aguantarían un día de vida? Todos respondemos a través del tiempo, gocemos nuestro aliento y nuestra vida; gocemos las azules madrugada; que se pierdan en el viento los tristes recuerdos. Dicen los chavos: “Ponte las pilas”. Eres dueño de tus secretos y propósitos. Que los demás se imaginen de ti lo que gusten. La imagen de los otros, que se la hagan ellos a su gusto.

No a uno, sino a muchos supermillonarios les he dicho la necesidad de que arreglen sus cosas, me oyen, y siguen su vida y ya se han muerto sin llevarse ni un pañuelo. Así, cada quien su vida. En cambio, van ocho a los que he convencido que no se quiten la vida, utilizando las ideas expuestas, ahora son millonarios de buena vida.

Imagina qué imagen haría de ti, un tonto y que se cree importante, al que le caes mal. Casi ni leerla. Hay noches de penas, pero algunas son serenas. Por qué llorar. Nos dijo Fray Luis de León: “Qué descansada vida la del que huye del mundanal ruido”. Venzamos oponentes. Le dije a un joven cuando se convenció de no quitarse la vida: “Vete al Zócalo, empieza a reírte y goza al ver a los cientos de personas que estás matando; goza ver tu potencia, antes de que te maten. No te mataste, gozaste antes de morir. No seas tonto”. Se rio y ahora es un político millonario. Todo se puede y somos nosotros los responsables de nuestras acciones. Muchas veces me pregunto: ¿Irán al cielo mis enemigos? Y me contesto: Qué te importa.

Caminemos, vayamos adelante, transformemos lo más posible a nuestra sociedad. Mucho o poco, no es asunto nuestro: Hicimos. Terminemos como Amado Nervo: “¡Vida, nada me debes!  ¡Vida, estamos en paz!”. Para ello: “Cuando planté rosales, coseché siempre rosas”.