Urge una campaña de demolición de edificios dañados


Desde el Malecón

Columna de Víctor Manuel Martínez

En Manzanillo urge una campaña de demolición de edificaciones que han quedado muy dañadas por los sismos que se han registrado en el municipio desde 1985, y que siguen en pie, retando a la seguridad de los ciudadanos, y es maravilla que no se caigan, cuando se ven súper endebles.

La autoridad ya debe tener un listado o censo de todas estas edificaciones, algunas de las cuales se encuentran deshabitadas; pero existen algunas, que a pesar del peligro, siguen estando habitadas. Es el caso de la edificación que se encuentra en la esquina de las calles Zaragoza y Allende, donde debiera prohibirse que las personas entraran; sin embargo, aunque parezca difícil de creer, hay personas que viven ahí; la construcción se puede venir abajo en cualquier momento.

Como este ejemplo hay muchos, que sería muy largo enumerar, siendo uno de los más destacados el edificio que se encuentra en la esquina de las calles Hidalgo y Juan de la Barrera, donde hace tiempo hubiera departamentos en renta, y en la parte baja funcionara una conocida mueblería. Da miedo pasar bajo su sombra, por lo averiado que está.

Se requiere hacer un peritaje a conciencia de muchos domicilios, de manera que puedan minimizarse los riesgos, pues Manzanillo está en una de las zonas más sísmicas no solamente de México, sino del mundo. En nuestro Manzanillo necesita difundirse un atlas de riesgo, para conocer los puntos menos aconsejables para edificar construcciones o, por lo menos, reforzarlas.

Una gran parte de la ciudad, la mayoría de ella, está levantada sobre terrenos ganados o rellenados al mar y la laguna. Tan solo hay que pensar que originalmente la calle México, que en los primeros años del puerto se llamara la Principal o de La Laguna, constaba de cuatro cuadras; es decir, desde el cruce con Juárez hasta la Allende. Lo mismo sucede con la calle Hidalgo, anteriormente Del Crucero.

Esto nos habla de lo inestable que puede ser el suelo en el casco urbano de nuestra ciudad. Por esta razón, es que no debe permitirse que se hagan edificios altos, porque siempre podría haber el riesgo de un colapso, en el caso de desencadenarse un terremoto.

En Manzanillo, un edificio de cuatro pisos ya debe considerarse como muy alto. Las demoliciones implican un gasto importante; pero al ser un caso de interés público, las justifica plenamente.

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