Un tramo oscuro en la historia de Colima

En marzo de 1814, el coronel Manuel Basabilbaso, comandante realista de Colima, capturó y mandó fusilar a Manuel Llamas y Pedro Regalado Llamas, dos de los guerrilleros insurgentes colimenses que mayor renombre alcanzaron.

Columna Vislumbres

(Primera parte)

En el 2007, viendo que en muchas partes se estaba comenzando a hablar de “los festejos del Bicentenario de la Independencia”, me pregunté si Colima había participado en el movimiento independentista y qué tanto y mediante cuáles paisanos lo habría hecho.

Picado por la curiosidad, me puse a buscar en todos los libros de historia local que había logrado conseguir hasta entonces y me encontré con que lo más que cada uno de los historiadores colimotes había escrito al respecto no pasaba de dos cuartillas y con que la mayoría de ellos repetían los nombres de seis o siete personajes insurgentes y mencionaban la ocurrencia de seis o siete combates o batallas también, en los que por lo regular los seguidores de Hidalgo salieron tristemente derrotados.

Tamaña escasez de datos me puso triste también y casi le di la razón al doctor Miguel Galindo Velasco cuando, al redactar en 1923 la Introducción de sus “Apuntes para la historia de Colima”, seguramente decepcionado por lo mismo que yo, dijo que, debido al clima caliente y húmedo que prevalece en nuestra tierra, nuestros antepasados colimenses habían sido tan indolentes y comodinos que los grandes movimientos político-sociales que habían conmocionado al resto de nuestra patria, habían llegado aquí apenas como las olitas que se van a desbaratar en la playa. Pero, oh sorpresa, al revisar el tomo número III de la magna obra que en 1884 se publicó bajo el título genérico “México a través de los siglos”, me pude dar cuenta que no pocos colimotes sí habían participado, unos como insurgentes, otros como realistas, en las luchas por la Independencia y, que si no se había sabido casi nada de ellos era porque cuando finalmente se reseñó esa historia, “el partido de Colima”, formaba parte de la Intendencia de Guadalajara y lo que se contó fue referido por tapatíos. Trayendo eso como consecuencia que, todo lo que pudieron haber hecho los colimotes, quedó como cosa secundaria entre lo muchísimo que en ese candente episodio ocurrió en el gigantesco ámbito del antiguo “Reino de Nueva Galicia”, mismo que por aquellos años abarcaba casi todo lo que hoy son los estados de Aguascalientes, Colima, Nayarit, Zacatecas y Jalisco, y que tenía como capital, a Guadalajara.

Pero ¿qué era el Partido de Colima? ¿Cómo estaba constituido? Y ¿Desde cuándo y por qué formaba parte del antiguo Reino de Nueva Galicia o Intendencia de Guadalajara?

 

EL DÍA EN QUE LA PROVINCIA DE COLIMA PERDIÓ SU AUTONOMÍA

En relación a eso, muy vagamente recordaba que un día de principios de la década de los 90as del siglo pasado, cuando por invitación de mi hoy difunto amigo, Hugo Alberto Gallardo Virgen,

A partir de ese momento las fuerzas realistas comenzaron a dominar la escena y uno de los principales generales era el español Pedro Celestino Negrete.

comencé a asistir a las asambleas mensuales de la Sociedad Colimense de Estudios Históricos, los profesores Genaro Hernández Corona y Ricardo Guzmán Nava, estaban platicando con el presbítero e historiador, Florentino Vázquez Lara y con el ingeniero José Levy Vázquez, justamente sobre el momento en que, “arengados -decía Vázquez Lara- los integrantes del Cabildo de Colima, por el padre Francisco Vicente Ramírez de Oliva, decidieron separarse del naciente estado de Jalisco, recuperar la autonomía perdida y adoptar el sistema republicano”.

Pero unas semanas después fui a entrevistar al padre Florentino sobre otro tema que no viene a cuento y cuando terminó la entrevista, le pregunté sobre mi inquietud y me regaló un libro muy grueso que él mismo había publicado en 1984, con el título “Altos Estudios en Colima, 1760-1882”, y me dijo: “Ahí, en algunas de esas páginas, están las respuestas a lo que buscas”.

Y por supuesto que lo leí, habiéndome encontrado con que en 1782 Fray Antonio Alcalde, obispo de Guadalajara, “solicitó a Carlos III, rey de España, la agregación” de la antigua Provincia de Colima (y sus parroquias) a la sede episcopal tapatía”, y que como derivación de ello, “el Oidor, don Miguel de Yrisarri, fue comisionado por el virrey de la Nueva España”, para que “entregara a la mitra de Guadalajara las provincias de La Barca, Zapotlán y Colima, hasta entonces pertenecientes al obispado de Valladolid”, o Michoacán.

“¡Ándale, ahí está la clave!” -Exclamé para mí mismo y seguí leyendo lo que hoy resumo para ustedes, lectores:

El cambio de sede episcopal de la Provincia de Colima se realizó, previa la publicación de un Edicto, el 12 de agosto de 1795. Y quien recibió el encargo para proceder a dicha entrega por parte de Fray Antonio de San Miguel, obispo de Michoacán, fue el Padre José María Jerónimo Arzac, párroco entonces de Almoloyan. Y las parroquias colimotas que terminaron anexadas a Guadalajara fueron: la propia del padre Arzac, la de Colima, la de Ixtlahuacán de los Reyes, la de Santiago Tecomán y la que apenas estaba formándose en el vasto territorio que actualmente abarcan los municipios de Pihuamo, Tecalitlán y Xilotlán, Jalisco.

Colateralmente, y dentro del orden civil, sucedió que corrieron la misma suerte los ayuntamientos de Colima, Almoloyan, Comala, Ixtlahuacán, Tecomán y Tecalitlán, únicos que había entonces, integrando el Partido de Colima.

Hechos por los cuales, desde 1795 hasta 1823, Colima careció de autonomía político-administrativa en materia civil, y hasta 1883 en materia religiosa. Datos que ahora nos permiten entender lo que dije unos párrafos atrás, en el sentido de que, cuando se comenzó a redactar la historia de la Guerra de Independencia en Nueva Galicia, la participación que hayan podido tener algunos de nuestros antepasados colimotes, quedó subordinada, empequeñecida u oculta por los historiadores que escribieron al respecto desde su perspectiva tapatía.

Así que, una vez que hube tomado nota de cómo habían procedido estos señores, me puse a releer todo lo que pude conseguir de ellos y, poco a poco fui encontrando algunos párrafos en los que se hablaba de la presencia o actividad de gente de Colima en tan interesante trama.

Colateralmente, por aquellos días apareció, ya con su solicitud redactada para formar parte de la Sociedad Colimense de Estudios Históricos, el muy eminente y reconocido médico Enrique Brizuela Virgen, con sus ya casi 80 años de experiencia y conocimientos.

Y yo, que en algún momento me había ido a recetar con él, lo saludé con afecto y me dijo: “Oye, cómo te pareces a tu papá, fue mi amigo… Y tu tía Teresa Ahumada Salazar, de jovencita, fue mi secretaria y recepcionista en el consultorio”.

Muy pronto, pese a la diferencia de edades, el doctor y yo nos hicimos amigos… Y un día, tras preguntarle sobre su libro “Historia de la familia Brizuela”, me regaló un ejemplar.

 

EL CORONEL ANASTASIO BRIZUELA APARECE EN ESCENA

Militando bajo las órdenes de Negrete, estaba el teniente Anastasio Brizuela Salcedo, hermano del dueño de la conocida hacienda de La Estancia.

En ese libro, lleno de muy interesantes datos que hablan desde el primer Brizuela que vino a Colima en el siglo XVI, hasta don Luis Brizuela, el último dueño de la hacienda de La Estancia, a principios del siglo XX, aparece la figura del Coronel Anastasio Brizuela, “jefe de 2ª División de las Milicias de la Mar del Sur” de la Nueva España, quien inicialmente combatió a los insurgentes y quien casi diez años más tarde, puesto de acuerdo con el general Pedro Celestino Negrete, ex realista también, proclamó la Independencia en Colima ¡tres meses antes de que Agustín de Iturbide y Vicente Guerrero, entraran a la capital de la Nueva España con el Ejército Trigarante!

El doctor había escrito: “El 16 de junio de 1821, en Colima, en medio de un gran júbilo, el pueblo juró la Independencia de México (sic). Se hicieron grandes festejos con misa de acción de gracias, a la que asistieron las autoridades y el vecindario. Al finalizar la misa, los colimenses se dirigieron a las Casas Consistoriales (hoy Palacio de Gobierno), según la costumbre, se obsequiaron pastelillos y agua fresca al pueblo”.

Yo quedé sumamente sorprendido con ese dato, pero el problema era que el doctor Brizuela no tuvo el cuidado de anotar la fuente de donde había obtenido esa información. ¿Sería cierto, entonces, lo que había escrito?

La nueva pista, como quiera, estaba allí, pero era necesario confirmarla, y para eso consulté a otros autores. Encontrándome por ejemplo con que, en los “Apuntes históricos sobre Colima”, de don Alfonso de la Madrid Castro, en la página 67 anotó: “Don Diego Brizuela nació en Colima el 13 de marzo de 1740. Se casó con doña María Francisca de la Luz Salcedo y tuvieron por hijos, entre otros, a los coroneles Anastasio y Juan Antonio Brizuela”. Mientras que José Miguel Romero de Solís, director del Archivo Histórico del Municipio de Colima, en su “Breve historia de Colima”, anotó a su vez: “Anastasio Brizuela era entonces el hombre fuerte de Colima y en su calidad de comandante militar de la plaza hizo lo propio, [proclamando el Plan de Iguala]. El 16 de junio de 1821, en medio del júbilo popular, autoridades y vecinos juraron fidelidad a las tres garantías”. Confirmando ante mis ojos al menos una parte de lo que el doctor Enrique Brizuela había dicho en su libro.

Así que volví sobre su texto y leí: “Anastasio Brizuela [Salcedo], nació en Colima el 11 de enero de 1788 […] tenía un hermano mayor llamado Juan Antonio”; ambos cursaron la carrera de las armas en una especie de Colegio o Academia Militar que había en la ciudad de México y “justo en los días en que don Miguel Hidalgo y Costilla daba el Grito de Independencia, Anastasio” estaba por egresar del Colegio Militar, pues al año siguiente (1811) “fue comisionado a la Villa de Colima (su tierra natal) con el grado de subteniente, al servicio del gobierno español”.

Pero ¿cómo fue, entonces, que terminó promulgando él mismo la Independencia en Colima el 21 de junio de 1821?

 

LAS FIGURAS DE NEGRETE E ITURBIDE EN LAS VÍSPERAS DEL “ABRAZO DE ACATEMPAN”

A principios de marzo de 1814, unos enviados del coronel Manuel Basabilbaso, “comandante de armas de la Villa de Colima”, capturaron a Pedro Regalado Llamas y a su tío Miguel Llamas, dos de

Y el más temido realista, persecutor de Rayón, Morelos, Matamoros y demás, era Agustín de Iturbide. El que, increíblemente, unos pocos años después provocaría la “consumación de la Independencia”.

los más notables guerrilleros insurgentes colimotes en unos ranchos del rumbo de Coalcomán, Michoacán, y una vez trasladados a la Villa de Colima, fueron enjuiciados y pasados por las armas el día 14 de ese mismo mes. Provocando con ello la aniquilación del movimiento armado dentro de la jurisdicción colimota y la huida de los seguidores de Los Regalado hacia la región de Tixtla, por los rumbos de Acapulco, en donde tenía su cuartel el padre Morelos, uniéndose a sus fuerzas.

Por otro lado, en la comandancia virreinal que abarcaba una buena parte de los territorios que hoy pertenecen a los estados de Jalisco, Guanajuato y Michoacán, se había destacado el general español Pedro Celestino Negrete, que tanto daño había hecho en los inicios de la guerra a los insurgentes que pelearon entre Guadalajara y Colima, y que tenía bajo su mando al capitán Agustín de Iturbide, uno de los más crueles, sanguinarios y eficientes militares del bando realista, y al joven teniente colimote Anastasio Brizuela, como comandante del destacamento del pueblo de La Piedad.

Agustín de Iturbide, en efecto, era bravísimo y derrotó, capturó y dio muerte al guerrillero Albino García en 1812; derrotó asimismo a don Ramón Rayón en Salvatierra, el 16 de abril de 1813, y derrotó igualmente, y de muy fea manera, a Morelos en diciembre de ese mismo año cuando intentó tomar Valladolid, y al padre Mariano Matamoros, en enero de 1814, en Puruarán.

Brizuela, por su parte, parecía ser un hombre más mesurado pero atrevido y valiente a la hora de pelear, habiendo enfrentado entre otros insurgentes a don José Antonio Torres, “El Amo”, y habiendo resuelto con éxito, un sitio que otros insurgentes le pusieron a La Piedad.

Pero Iturbide se ensoberbeció con los triunfos que iba acumulando y empezó a cometer grandes desmanes, que incluían el saqueo de los fondos públicos de los pueblos en que había hallado insurgentes y de las fincas y haciendas de propietarios criollos y españoles que comenzaron a quejarse por ello ante el virrey. Quien, en un principio se hizo disimulado para castigarlo, dada la efectividad de que daba muestras para combatir a los rebeldes. Pero como las quejas fueron en aumento, Calleja no tuvo más remedio que llamar a Iturbide a México y, en 1816, lo dejó sin mando.

Cuatro años tuvo Iturbide una vida disipada en la capital de la Nueva España, ocupándose únicamente de disfrutar los grandes recursos que acumuló durante su intervención en la guerra.

En el ínterin disminuyó el movimiento insurgente y se concentró en las montañas del sur de México, donde tenía su cuartel en Tixtla, el escurridizo general, don Vicente Guerrero, y en donde comenzaba a figurar don Juan Álvarez. Siendo otro de los pequeños focos de insurgencia que permanecían vigentes, el que encabezaba don Guadalupe Victoria en la parte montañosa de Veracruz.

Bajo tales circunstancias no pocos de los criollos y de los mismos españoles que tenían fuertes intereses en las ciudades novohispanas, empezaron a pensar que a pesar de que el rey Fernando VII había asumido el trono luego de que los ingleses derrotaron al ejército de Napoleón, ya no tenía ningún caso que los pobladores del territorio americano lo volvieran a sostener con sus tributos, y comenzaron a discurrir el modo de terminar, de una buena vez por todas, con tan perniciosa dependencia.

Algunos de esos interesantes personajes fueron, por increíble que hoy nos pudiera parecer, muchos de los antiguos intransigentes realistas, con el coronel Agustín de Iturbide, y el canónigo Matías de Monteagudo como inspiradores. Motivando en última instancia a Pedro Celestino Negrete y al comandante Anastasio Brizuela, quienes simplemente “cambiaron de chaqueta”, y como Iturbide, se convirtieron en los nuevos insurgentes. Continuará.