Un 16 de septiembre en el DF


Ramón González Pérez.-

Hace poco más de medio siglo, encontrándome incorporado al grupo de cadetes del Colegio del Aire de la Fuerza Aérea Mexicana, para participar el día 16 de este mes en el desfile militar conmemorativo de un aniversario más de la gesta heroica que nos diera libertad, el inicio de la guerra de independencia, me tocó formar parte de la compañía de cadetes que participamos en dicho evento militar, en donde los contingentes de las diferentes armas del Ejército Mexicano desfilamos, luego de haber permanecido, nosotros, en la calle de Mesones, esquina con 20 de Noviembre, para, una vez iniciado el desfile, pasar frente a Palacio Nacional y rendirle homenaje al presidente de la República, que era en ese entonces el Lic. Adolfo López Mateos.

Era un mundo de militares, tanto del Heroico Colegio Militar, de la Escuela Naval, la Escuela de Enfermeras Militares, de Ingenieros, de Zapadores y como había de faltar el contingente de los colegas de la Fuerza Aérea Mexicana, los Fusileros Paracaidistas. Quienes, además de participar pie tierra, lo hacían lanzándose de aviones de la misma Fuerza Aérea para caer precisamente en la plancha del Zócalo de la Ciudad de México, en una demostración de precisión y control de su paracaídas.

Ante el cúmulo de contingentes militares, la presencia del Colegio del Aire se dejaba sentir al participar también aviones de la Fuerza Aérea, quienes en perfecta formación sobrevolaban la Ciudad de México y lógico pasaban por encima de Palacio Nacional, lo que nos llenaba de orgullo a quienes pertenecíamos al Colegio del Aire, pues suponíamos, y con justa razón, que algún día tripularíamos esos aviones para también participar en esa parada militar.

Con cuanto orgullo portábamos el uniforme de gala o media gala, según hubieran sido las ordenes de la superioridad para participar en esa justa militar, todos lo hacíamos con mucha fibra, poniendo en cada movimiento todo nuestro esfuerzo con tal de que el Colegio del Aire ocupara el primer lugar en el certamen en el que participaban también el H. Colegio Militar, la Escuela Naval de Veracruz, la Escuela de Medicina, los de Clases de Transmisiones, los Ingenieros Militares y todas las instituciones militares que formaban a los futuros oficiales de la Secretaria de la Defensa Nacional y la de Marina; concurso del que estábamos enterados, razón por la cual le poníamos muchas ganas a nuestra participación en dicho desfile.

A medio siglo de distancia, el orgullo por haber pertenecido a ese distinguido grupo de cadetes, como que me llena de orgullo, máxime si en el recuerdo van implícitos momentos de alegría al pertenecer a tan respetable institución como lo es la Fuerza Aérea Mexicana, y en la distancia en el tiempo y en el espacio, recordar esos momentos tan gratos, me hace sentirme un tanto cuanto mexicano distinguido y el fervor patrio recorre mis venas.

No sin razón, desempeñándome como Supervisor Escolar, al asistir a alguna de las escuelas bajo mi responsabilidad, sentía hervir la sangre en mis venas al observar, caso concreto, en Suchitlán, que jóvenes irresponsables e irrespetuosos no guardaban el respeto que se merecen nuestros símbolos patrios, pues al interpretar el Himno Nacional Mexicano, para rendir honores a la Bandera Nacional, ellos permanecían sentados y echando relajo, lo que en alguna ocasión me llevó a suspender el acto y con energía llamarles la atención, invitándoles que se regresaran al vecino país, de donde habían llegado recientemente, y allá sí les permitían esas faltas de respeto a nuestra nacionalidad.

Es por ello que mañana, que se celebra el aniversario número 204 de la fecha en que el señor cura don Miguel Hidalgo y Costilla diera el grito de Independencia en Dolores Hidalgo, Guanajuato, seguido por un grupo de héroes que le siguieron en su gesta libertaria, me propongo a, primero hoy por la noche, escuchar el grito que dará el presidente de México y a través de los medios electrónicos, recordar mi participación en dos desfiles conmemorativos y por la mañana, recordar mi época de joven en que participe en dichos acontecimientos.

Con verdadero fervor patrio y deseando que las generaciones de jóvenes y niños, aprendan que el amor que les brindemos a estos actos históricos, nos permita reconocer que somos una nación que tiene historia y en la medida en que la recordemos, en esa misma medida habremos de luchar porque la libertad que nos legaron esos hombres heroicos, prevalezca en nuestro querido México, en bien de todos.

Es cuanto.