Tonaltepetl

Gustavo L. Solórzano. | Foto: Especial

Lamentable, cómo los seguidores de algunos aspirantes a servir al pueblo denostan burdamente a sus adversarios políticos. Lo he señalado de manera reiterada, las redes sociales se han convertido en el basurero de bajas pasiones, rencillas y ofensas anónimas y frustraciones. Naturalmente, muchos son perfiles falsos que son creados exprofeso, golpear es la meta, desacreditar al “otro” para que pierda. Infantil se vuelve la guerra electoral, peor aún, a veces funciona, porque existen personas que se apasionan con algunos temas y de pronto se olvidan de que la vida es como la casa del jabonero, el que no cae, resbala. Dicho de otra manera, nadie somos perfectos, en consecuencia, merecemos dar y recibir respeto; pero bueno, la educación se mama, decían en mi infancia. ¿Las autoridades? Bien gracias.

El asunto se pone peor cuando ni siquiera los candidatos se respetan a sí mismos, descalifican, ofenden, presumen, incitando con ello a sus simpatizantes. Parecieran decir, “a la sociedad que le valga sorbete, yo gano a como dé lugar”, lodo sobra. ¿Me explico? ¿Cómo confiar en alguien que agrede, que miente, que lastima para poder llegar a un puesto? Cuando termina el proceso electoral los verá usted comiendo juntos, abrazados en alguna foto o tomando acuerdos en la sombra de sus espacios y aquí no ha pasado nada. Eso sí, dejando una sociedad dividida, dolida y en no pocas ocasiones hasta enardecida con tal o cual candidato que haya ganado.

En más de 35 años como empleado público he conocido de todo tipo de candidatos y servidores después de su triunfo, créame, muchos de ellos se olvidan de sus promesas, se evaden cuando uno los ve, no responden llamadas y se niegan cuando están en sus oficinas. Otros solo ayudan a las caras bonitas o a los compromisos de “arriba”. A muchos les gusta traer a vuelta y vuelta a las personas, darse importancia y se olvidan de que están ahí porque se deben a la gente, a los ciudadanos que pagan impuestos, a quienes menos tienen, a todos sin distingos partidistas una vez que asumen su cargo. Pero no, “éste es de otro partido, que se espere”, así actúan y eso, no se vale. (Reitero, no todos, muchos sí)

Mientras tanto, algunos simpatizantes hasta se golpean o han perdido la vida por defender con ciego apasionamiento los colores o imagen de alguien a quien ni conocen. Por eso yo le invito a declarar prohibido destruir amistades por los políticos, prohibido distanciarnos de la familia por los políticos. Es necesario tener claro que este es un ejercicio ciudadano que nos compromete con responsabilidad para elegir a quien será nuestro empleado durante tres o seis años. Solamente eso, decidamos con respeto, evitemos caer en la agresión y asumamos con madurez y buena voluntad nuestra participación ciudadana en el tiempo que nos toca vivir. Hagamos de este periodo electoral algo digno y a la altura de los colimenses, ¡Súmate por Colima!