Tonaltepetl

Gustavo L. Solórzano. | Foto: Especial

No me gusta escribir de política partidista, sin embargo, las y los actores del momento me motivan para subirme al cuadrilátero. Lo hago de buena fe y quiero referirme a la publicidad gratuita que unos hacen a otros cuando se ocupan de supuestas “deficiencias”. Ayer comentaba un señor que es conductor de taxi que muchos de los aspirantes no tenían propuestas y que se la pasaban criticando a los demás candidatos, desperdiciando así su oportunidad para hablar de sus acciones de trabajo en caso de llegar.

Pero no, se la pasan recriminando (los candidatos) el supuesto actuar de sus adversarios políticos a la usanza antigua, como si se le hablara a una sociedad ignorante, desconocedora del proceso electoral que se vive. Una verdadera falta de respeto para sí mismos, y para la ciudadanía. Qué distinto sería que en sus espacios publicitarios invirtieran su tiempo en difundir su experiencia, sus metas y los objetivos para lograrlas en bien de la gente y los municipios de nuestro estado. Que nos dijeran cómo piensan realizar tal o cual obra, porque gobiernos van y gobiernos vienen y el trabajo no termina, las necesidades saltan a la vista.

Hoy la gente también señala a algunos de los que quieren repetir, “nada han hecho y quieren seguirle”. Los tiempos son distintos, para algunos ya pasó el suyo, para otros apenas empieza. Un aspirante belicoso, sea hombre o mujer, no debe tener cabida en una sociedad inteligente, moderna y participativa como la nuestra, bastante lastimada está nuestra gente por la violencia, como para que encima de ello los postulantes generen esa violencia con sus discursos. Ser propositivos es de gente de bien, verdaderos ciudadanos comprometidos con el desarrollo y el crecimiento sustentable de un terruño como el nuestro.

¿Cómo se atenderá la violencia, sin más de lo mismo? ¿Con qué propuestas viables cuentan para atender la salud, la vivienda y el empleo? ¿Cómo habrá de fortalecerse la educación ante la crisis originada por el corona virus? ¿De qué manera habrán de reactivar la economía? ¿Qué harán para generar fuentes de empleo? ¿Cómo y a dónde serán canalizados los indigentes para que reciban una atención digna? ¿Qué nivel de atención darán a la ecología para preservar la vida humana, fauna y flora? ¿La urgente necesidad de agua, cómo la resolverán? ¿La capacidad de atención médica y hospitalaria que se ha visto rebasada por la situación endémica, como la resolverán? Puedo llenar este espacio de preguntas que he recogido de la calle, de la gente como usted y como yo, que busca respuestas reales, sin demagogia ni encono. Para que el eco las regrese me parece que basta con las anteriores.

Trabajar de manera respetuosa y comprometida es la misión para quienes esperan el apoyo de la sociedad, a fin de tener la alta responsabilidad de ser empleados de la ciudadanía. Acciones y realidades que hablen de sí mismos y no de los demás, es lo que la gente quiere.

 En Colima decimos que el que trae, lleva y viceversa, háblenos de lo bueno, que el convencimiento sea con recursos de altura y no de un obsoleto sistema de lavadero de antaño. Es necesario que el voto sea diferenciado, no es conveniente dejar el poder a un solo partido, votemos por los que consideremos que habrán de cumplir y responder a sus compromisos, por los que usted conoce en su barrio o colonia y que demostraron en los hechos, honrar su palabra. Abramos la puerta a nuevas opciones, a los jóvenes valores de la democracia.

ABUELITAS:

El destino alcanzó a Colima, la sequía que jamás se había visto en la historia que yo recuerdo, hoy nos amenaza y con ello la vida que conocemos. La gente sigue barriendo las banquetas con el chorro de la manguera, en los lava carros se desperdicia el agua, continua la tala clandestina e inmoderada de especies arbóreas, es lamentable que la inconciencia siga dirigiendo nuestra vida y estemos ciegos para la verdad que exige de nosotros, un actuar inmediato. Ahorrar el agua sí, aunque también es necesario buscar alternativas para atraerla de manera natural. Esa será, de no entender, la guerra que viene. Es cuanto.