Superemos oponentes


Antonio Flores Galicia.-

Para gozar la vida, debemos quitar lo que vaya apareciendo en contra de nuestra felicidad y progreso. Qué triste la vida de los que se la pasan lamentándose, molestos ante tanto oponente que a diario tenemos en la vida. Nuestro cuerpo no nos va a pedir cosas que nos ayuden, sino lo que por varias potencias pide. Quiere o no quiere. Son tus valores espirituales, por los que eres persona, los que te piden determinada actuación. La persona es la responsable del éxito o el fracaso en la vida. Un ejemplo:

Una hija se quejaba ante su padre acerca de su vida. Había cosas que le resultaban difíciles, no sabía qué hacer para seguir adelante en su vida. En momentos, se quería dar por vencida, cansada de luchar. Solucionaba un problema y aparecía otro.

Su padre era un chef de cocina, la llevó al lugar de su trabajo, llenó de agua tres ollas y las puso a hervir sobre un fuego fuerte. Pronto el agua de las tres ollas estaba hirviendo. En una colocó zanahorias, en otra huevos, en la otra unos granos de café. Sin decir palabra, dejó que hirvieran. A los 20 minutos, el padre apagó el fuego. Colocó las zanahorias en un plato, los huevos en otro y en una taza el café.

Mirando a su hija, la hizo acercarse. Le pidió que tomara la zanahoria y notara su blandura; que tomara un huevo y lo rompiera, al quitarle la cáscara lo notó duro; le pidió que disfrutara la taza de café y descubrió su rico aroma.

La señorita preguntó: ¿Qué significa todo esto, padre? El padre le respondió: Los tres elementos han soportado la misma adversidad: Agua hirviendo. Pero reaccionaron de diferente manera ante la adversidad: La zanahoria era dura y se volvió débil y frágil; los huevos eran frágiles y se hicieron duros por dentro; los granos de café, después de estar en el agua hirviente, cambiaron el agua y lo adverso se hizo aromático y agradable.

¿Cuál eres tú? Cuando la adversidad llega a tu puerta, ¿eres zanahoria que parece fuerte, pero al tocarte el dolor te hace débil? Tal vez eres huevo que después de perder a un familiar o por un divorcio o despido, te vuelves dura y rígida; por fuera eres igual y por dentro eres dura y áspera, tienes un corazón endurecido. Ve cómo el café cambió al agua hirviente, y fue el elemento que le causó dolor. Cuando el agua llegó al punto de ebullición, el café alcanzó el mejor sabor.

De todo corazón te deseo que intentes ser como el grano de café. Cuando las cosas no anden bien, logra que todo mejore. Recuerda que todo lo que sucede en la vida es por alguna razón, sólo necesitas descubrir su motivo y aprender de ello. Y si tienes fe, recuerda que no hay mal que por bien no venga. La grandeza de una persona, no se mide por el terreno que ocupan sus pies, sino por el horizonte que descubren sus ojos.

Se necesita ser fuertes, inteligentes, decididos. Si tu inteligencia ya es todo lo que da, puedes encontrar ayuda en tanta gente buena a inteligente. Busca quién te ayude, no al que estorba.

Cuando joven, había dos peritos en Sagrada Escritura, si iba con uno, en lugar de ayudarme me repetía lo que de mí sabía yo mismo y, si iba con el otro, me decía: “Tú sabes más que yo, pero te voy a responder como yo puedo”. Veamos la diferencia de lo que está frente a nosotros y cada uno debe poner y quitar.

Controlemos a nuestra persona y nuestro entorno. Ve qué pasa cuando se actúa caprichudamente:

Dos parroquias vivían en continua pugna a causa de los santos patronos. La parroquia de Gallotlán, veneraba a San Pacomio y en Gallinatlán a Santa Ursula. Cada pueblo afirmaba lo milagroso que era su patrón parroquial. Ante tanto enfrentamiento, sufrían los párrocos sin encontrar solución. Para que viniera la paz, las presidentas de ambas parroquias ofrecieron una comida a ambos párrocos.

“Queremos proponerles que, para que este centenario problema termine, el Patrón San Pacomio, se case con la patrona Santa Ursula y que los dos aparezcan unidos en cada altar. ¿Qué opinan ustedes?” -Eso jamás, gritó el párroco de Gallinatlán, prefiero que Santa Ursula se quede de cotorra y no que se case con un santo apolillado”. Y siguió el pleito centenario. Allí la importancia de las decisiones.

Y, para quitar costumbres de los pueblos. Allí los quiero ver. Decimos como los jóvenes: ¿Si no quiero?