Sabiduría, encanto y precisión matemática en los calendarios prehispánicos nahuas


Víctor Gil Castañeda.-

“Los calendarios nahuas de origen prehispánico, descubiertos por los conquistadores españoles y posteriormente por numerosos investigadores europeos, estaban llenos de encanto, profunda sabiduría y una precisión matemática que jamás se había conocido en su tiempo. Los científicos de aquellos siglos XIV y XV, quedaron pasmados y asombrados por esa acumulación de conocimiento en las civilizaciones mesoamericanas. Fenómeno astrológico que los obligó a rearmar y corregir sus propios calendarios en la vieja Europa”.

Estas fueron algunas palabras vertidas por el doctor Patrick Johansson Keraudren, en su curso denominado: “El tiempo y los calendarios en el mundo náhuatl prehispánico”. Actividad enmarcada en el XVI Seminario de Lengua y Cultura Náhuatl, realizado del lunes 23 al miércoles 25 de junio, en horario de las cinco de la tarde a las ocho de la noche, en el Aula No.3 de la Licenciatura en Periodismo, ubicada en el segundo piso de la Facultad de Letras y Comunicación (Falcom) de nuestra Máxima Casa de Estudios.

Éste seminario se ofrece desde hace veinte años en colaboración con el Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, el Centro de Estudios Literarios de la Universidad de Colima y la misma Falcom. En el transcurso del seminario, los veintidós alumnos inscritos pudieron abordar temáticas interesantes como; La filosofía náhuatl del tiempo, La cuenta de los años o Xihupohualli, La cuenta de los destinos o Tonalpohualli. La cuenta de las veintenas o Cempohuallapohualli. El ponente ilustró su cátedra con numerosas diapositivas, imágenes, fotografías y documentos provenientes de los principales códices conocidos en el mundo. Su dominio de las lenguas; náhuatl, maya, francesa, inglesa, alemana y castellana, generaron un discurso enriquecedor por las múltiples interpretaciones y traducciones que se hacían de los textos pictóricos.

Con más de quince libros publicados sobre ésta rama del conocimiento, así como decenas de artículos arbitrados e impresos en las principales revistas del extranjero, el miembro de la Real Academia de la Lengua Española agregó: “Como otras culturas mesoamericanas, la cultura náhuatl había cultivado el conocimiento del tiempo en una red calendárica que constaba esencialmente de tres cuentas; el Xiuhpohuallio “cuenta de los años”, el Tonalpohualli o “cuenta de los destinos” y el Cempoallapohuallio “cuenta de las veintenas”. El Xiuhpohualli consignaba series de cuatro años; ácatl (“caña”), técpatl (“pedernal”), calli (“casa”) y tochtli (“conejo”). Conceptos correspondientes a los puntos cardinales, que se repartían 13 veces hasta llegar a 52 años. Se consideraba también este cómputo como cuatro trecenas de años, encabezadas cada una por un año específico que sumaban 52 años. Se efectuaba entonces la “atadura de años” o Xiuhmolpilli, y se sacaba el Fuego Nuevo sobre el pecho abierto de la víctima sacrificada.

Aún cuando culminaba a los 52 años y que todo, entonces, comenzaba de nuevo, el Xiuhpohualli representaba de cierta manera una “cuenta larga”, ya que trascendía los límites del ciclo de 52 años y registraba los años de manera generalmente lineal. El Tonalpohualli, constaba de 20 trecenas que sumaban 260 días. En cuanto al Cempoallapohualli, se componía de 18 meses de 20 días alos cuales se añadían los cinco días baldíos o “nemontemi”. Las cuentas se compenetraban, ya que los días y sus destinos correspondientes integraban micro totalidades de veinte o trece, las cuales determinaban, asu vez, el sentido religioso del tiempo así contenido –explicó el también miembro de la Academia Mexicana de la Lengua–.Ahora bien, si la cuenta de los años o Xiuhpohualli y la cuenta de los destinos o Ttonalpohualli, son ampliamente conocidas y han sido objeto de muchas investigaciones, la cuenta de las veintenas o Cempoallapohualli ha sido poco estudiada en su aspecto cronológico. En efecto, los trabajos efectuados hasta ahora sobre esta cuenta atañen esencialmente a las fiestas que se realizaban durante las veintenas, o a la correspondencia de los meses indígenas con el calendario cristiano, y no a los mecanismos cronológicos en sí.

Cada uno de los 18 meses del Cempoallapohualli iniciaba en un día determinado y terminaba, veinte días después en otro día también determinado. Como para las trecenas del Tonalpohualli, estos días caracterizaban la secuencia temporal que definían su existencia. Había un mes “arquetípico”, el primero, correspondiente al primer año, después delo cual la sucesión de los días fijaba otras fechas para el inicio y el fin de las veintenas. El cómputo de los días baldíos o Nemontemi fue decisivo para la configuración del calendario de las veintenas, más allá del año, en la micro totalidad cíclica que representaban cuatro años solares y subsecuentemente en un macro ciclo que intentaremos definir. En términos metodológicos, el análisis que realizaremos aquí representa una “inferencia conjetural” o “inducción” a partir de datos específicos e indicios diseminados en diversas fuentes, siguiendo una lógica inherente al pensamiento indígena prehispánico, el cual confiere un dinamismo propio a las unidades calendáricas definidas. Dicha metodología nos parece adecuarse a la tipología de la información de la que disponemos, resultado a su vez de una recopilación efectuada por los españoles en el siglo XVI, en circunstancias que ya conocemos.

El afán de co-relacionar el calendario indígena con la cronología cristiana y la reducción inevitable, de la otredad indígena al marco de valores vigentes en el siglo XVI, que conllevó esta manera de proceder, hicieron que la información recabada no fuera completa

ni del todo exacta. El tenor de esta información no permite siempre un razonamiento hipotético-deductivo, por lo que utilizaremos en este caso preciso una metodología inductiva. Consideraremos, en esta óptica metodológica, algunos aspectos relacionados con la distribución de los días dentro de los meses indígenas, los mecanismos específicos de su cronología así como la relación consecuente que se estableció entre el calendario de las veintenas y el año trópico. La ubicación de hechos y acontecimientos indígenas pertenecientes al discurso oral transcrito, o plasmados en los documentos pictóricos, se realizaba generalmente mediante el año y el día, sin que hubiera una referencia al mes. Para dar tan sólo un ejemplo, el nacimiento de Netzahualcóyotl ocurrió, según las fuentes, el día 1-mázatl (1-venado) del año 1-tochtli (1-conejo). El Códice en Cruz refiere éste mismo  acontecimiento su propia mecánica de imágenes y representaciones visuales. En ese códice Se observa una lámina donde está; el año, el glifo toponímico de Tezcoco, el glifo antroponímico de Netzahualcóyotl y una cuna que expresan que nació ese día. En lo que concierne al día, el ideograma muestra que la fecha aquí referida corresponde al día de la veintena ílhuitl y no al día de la trecena: tonalli. Además de la distinción léxica que establece la lengua náhuatl entre estas dos nociones, la pictografía también sugería una diferencia”.

El miércoles 25 de junio el Dr. Patrick Johansson iba a dictar una conferencia, a las ocho de la noche, en el Museo Universitario de las Artes Populares (MUAP ) María Teresa Pomar. Sin embargo, cayó un fuerte aguacero desde las 19:00 a las 22:00 horas, que impidió el traslado del ponente, por lo que su charla se pospuso para el próximo mes de noviembre, en el Aniversario No.34 de la Falcom.