Roberto Madrazo, las familias y el poder


Cuquita de Anda

(Primera de dos partes)

La razón de sacar a colación a los candidatos de ese tiempo, es para darnos una idea de que sí se intentó cambiar al PRI quienes compitieron y la razón en ese entonces de la oposición.

Creo que el trabajo hecho por nuestro  actual presidente  Enrique Peña Nieto  es de 10, aunque esté una persona como López Obrador en batalla política constante. El ramaje carretero ha hecho que se crezcan los puertos como el nuestro y el de Lázaro Cárdenas; tanto la importación como la exportación están como nunca, como el apoyo a los que menos tienen. Claro debemos trabajar fuerte para sacar adelante al país y a nuestras familias.

“Al presidente no se le puede decir que no”, le aseguró Roberto Madrazo Pintado a uno de sus amigos, momentos después de comprometer su renuncia al gobierno de Tabasco.

Había recorrido unas cuadras desde la Secretaría de gobernación para llegar al hotel Fiesta Americana, en el Paseo de la Reforma. Allí. A sólo 17 días de haber asumido el Ejecutivo estatal, pronosticaba: “Seguramente el gobernador que llegue continuará con estas reuniones”. Lo dijo ante algunos tabasqueños radicados en el Distrito Federal con quienes entonces acostumbraba comer una vez por mes.

La presión de su renuncia se había convertido en enero de 1995 en un asunto de inestabilidad política para un gobierno federal sumido de por sí en la crisis financiera más grave del México contemporáneo.

Ernesto Zedillo Ponce de León inauguraba su periodo presidencial sometido por la devaluación del peso, la fuga de capitales, la inflación y la quiebra bancaria. El desastre financiero lo urgía a llegar a un acuerdo político con la oposición en particular con el Partido de la revolución democrática. El PRD acusaba a Madrazo de fraude y reclamaba el triunfo de su candidato, Andrés Manuel López Obrador, en las elecciones para gobernador de Tabasco.

El acuerdo de Zedillo con la oposición, pretendido como un pacto de transición democrática, incluyó la renuncia de Eduardo Robledo al gobierno de Chiapas para acallar también denuncias de fraude, pero sobre todo para abrir una vía de diálogo con el Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Robledo se fue a la embajada de México en Argentina. A Madrazo le esperaba la Secretaría de Educación Pública (SEP), como lo había acordado con el novel secretario de Gobernación, Esteban Moctezuma Barragán.

Al día siguiente de ese compromiso, en una caminata por el parque Tlacoquemécatl, cerca de la oficina que heredó de Carlos Alberto Madrazo Becerra, en la colonia del Valle de la Ciudad de México, Madrazo preguntó a un viejo amigo de su padre: “¿Cómo me ves?”

-Tú no puedes renunciar, en todo caso pide licencia y puede que el congreso la acepte- le aconsejó ese hombre que durante más de una década trabajó muy cerca de Madrazo Becerra.

– ¿Crees que valga la pena?- Volvió a preguntar un dubitativo Madrazo que metía y sacaba las manos de los bolsillos del pantalón.

– Claro. Además, recuerda que tu padre defendió hasta el final con sus ideas. Tú no estás muerto.

Carlos Alberto Madrazo Becerra, quien pasó a la historia como un hombre cuya intención fue democratizar al PRI, había muerto 25 años atrás en un accidente aéreo que para sus familiares nunca quedó aclarado.

Roberto Madrazo fue el único entre sus cinco hijos que al igual que él hizo de la política su razón de ser. Hasta ahora, la historia los ha hecho converger en las formas, pero aparecen opuestos en el fondo. Roberto Madrazo ha ocupado los mismos puestos que su papá: dirigente juvenil, diputado, gobernador, presidente del PRI; y aún más, senador, delegado del ex Departamento del Distrito Federal y enviado especial del PRI en momento en que su partido debía ganar, como fuera, los gobiernos en varios estados.

A principios de 1995 él era quien necesitaba el rescate. Pero la ayuda no salió del centro del país, sino de los grupos políticos y económicos que lo apoyaban en Tabasco. Con el compromiso de renuncia en una bolsa y el consejo de no aceptarla en la otra, la tarde del 18 de enero se trasladó del Distrito Federal al aeropuerto de Toluca, en el Estado de México, asiento de uno de sus principales mentores políticos: Carlos Hank, patriarca del grupo político financiero al que pertenece. En el camino a Toluca, Madrazo habló con el presidente del Congreso de Tabasco, Pedro Jiménez León. Durante el viaje iba tenso. No sabía lo que iba a pasar, pues unos 600 perredistas  bloqueaban el Palacio de Gobierno.