Retacera Política


César Villalba.-

Ante las declaraciones del gobernador Mario Anguiano en torno a quien participó o participaron en el asesinato de las familiares del ex gobernador Gustavo Vázquez en la Villa, la percepción es de que si no fueron infortunadas, sí faltas de indignación y firmeza ante lo que podría ocurrir si, en este caso, la novia del fulano participó directamente en este doble homicidio.

Hace dudar a la opinión pública que quienes investigan el asunto caigan en la cuenta de lo que dijo la misma: “Me presionaron para que lo hiciera”. Además, están las acusaciones del presunto homicida en su contra, que es lo que agravó su situación y que cada vez queda claro como estuvo.

Por otra parte, llama la atención la postura del presidente del Supremo Tribunal de Justicia en el Estado, Rafael García Rincón, en el sentido de que el autor principal del crimen podría alcanzar “hasta” 50 años de cárcel y la joven 10, si se comprueba su participación. Digo, por la diferencia tan abismal en la sentencia que le dieron al Monstruo de Cumbres, Diego Santoy Riveroll, de 138 años, por haber cometido hace algunos años un delito similar, en Monterrey, en contra de varios familiares de su novia, a la que por cierto incriminó de haber participado en tan horripilante delito.

Si el propio Anguiano Moreno lo ha dicho, que se castigará a quien sea por tal o cual delito, aquí también debe aplicarse la determinación, pues de otro modo estriamos mandando señales contradictorias y en función de familias o lazos familiares.

Y es que partir de este caso, ocurrido en el seno de una familia de la clase media colimota, se abre un nuevo capítulo en el devenir local y en donde queda atrás, desafortunadamente, el Colima aquel en donde el mínimo evento que alteraba la tranquilidad provinciana causaba una expectación inusitada, se le dedicaba parte del fervorín en las misas y duraba años en dejar de comentarse. Tal parece que en este tipo de sucesos también le entramos a una competencia, “si allá ocurren estos crímenes, ¿por qué aquí no?”.

Lo malo es que empezamos a acostumbrarnos, digo, por la forma en que los tomamos. Un ejemplo, ayer por la mañana llegó un auto blanco a un lado de casa de gobierno y algunas personas que estaban en el Oxxo de Díaz Mirón, notaron que el conductor estaba sangrando de un brazo (también traía heridas de picahielo en el vientre), como si nada, uno de los que presenciaban la escena dijo muy despreocupado mientras le daban sorbos a su soda, “ya no es raro. Seguro lo venían siguiendo unos cabrones… Vámonos”.

Casi de inmediato llegó una ambulancia por el herido, pues el equipo de seguridad del gobernador actuó sin demoras viendo de qué se traba; luego sabríamos que era profesor y que lo habían atacado en el Moralete dos individuos, como a las siete de la mañana. Por otra parte y en relación a lo que comentamos al principio, diferentes actores políticos han opinado que hay que fortalecer los valores en nuestra sociedad, pero nadie dice yo pongo el ejemplo o cómo le vamos a hacer si para empezar, los jóvenes ya no se acercan a las iglesias, en su mayoría.

Y si, casi toman como ofensa cuando se les pregunta si pudieran consagrarse a Dios, casi brincan, es decir, se sienten ajenos a la vida espiritual que si la conocieran, no abrirían ni la boca. ¿Dónde quedaron los mandamientos de la ley divina en la formación de las generaciones actuales?

En un evento realizado creo que en el Comité Municipal del PRI, un chofer del alcalde de Colima, de nombre Raúl, tuvo una acción de aplaudir, pues viendo que un ventilador de techo que giraba sin ton ni son estaba a punto de desprenderse, tomó la decisión de pararlo como pudo y evitar con ello algún accidente que por fortuna no ocurrió. Bien por este señor Raúl, que se ve está al pendiente de todo. Un reconocimiento.