Retacera política


César Villalba A.

Así como el análisis que hizo el CEN del PRI para determinar la candidatura de “unidad” en torno a Ignacio Peralta a la gubernatura de Colima, éste ya debiera de proceder igual en torno a quienes, como abejas al panal, se le han estado acercando jurándole que siempre estuvieron con él.

No hablamos de organizaciones gremiales u otro tipo de sectores o asociaciones priístas, sino de los que aún adheridos al cabús anguianista ya están brincando a la locomotora peraltista. Pero es lo de siempre y no debería preocupar a nadie más que a ellos mismos.

Precisamente, uno de estos sujetos, que labora o laboraba para Mario Anguiano, muy cercano a Casa de Gobierno, gritaba a voz en cuello que se las iban a “cuchiplanchar”, ¡todos!, “¿hasta los electores?”, le preguntó alguien, ¡todos, dije!, con lo que muy flaco favor le hacen a quien de hecho ya comenzó y en buen plan su peregrinar a fin de pedir unidad y apoyo a la militancia y simpatizantes de dicho partido.

Para ese propósito, Ignacio Peralta cuenta con el aval de todos sus compañeros que anduvieron del tingo al tango, unos más que otros, viendo la manera de hacerse de la tan anhelada candidatura. En ese contexto y hay que anotarlo, es de enorme mérito la actitud noble y leal a su partido del alcalde de Colima, Federico Rangel, al haber aceptado desde un inicio los resultados.

Verdadera sorpresa causó la decisión del PRI de inclinarse por el registro de Oswy Delgado Rodríguez para la presidencia municipal de la Villa de Alvarez, cuya trayectoria, para los villanos, es bien conocida.

Hijo del abogado Juan Delgado Barreda y la señora María Rodríguez, Oswy deberá remontar las diferencias no sólo con sus más cercanos competidores, Alfredo Chávez y Carlos Cardona, que ya aceptaron su nominación, sino con los seguidores de éstos y luego con los ciudadanos en general.

Que con desaires iniciales y con algunos accidentes, avanzan las fiestas de Villa de Alvarez, sin que organizaciones protectoras de animales tengan previstas protestas por las corridas y masacres de toros o el cuidado de los caballos que traen agotados y maltratados varios jinetes desde Colima hasta La Petatera, luego del kilometrajo recorrido y los espuelazos y jalones con las riendas que les van dando.

Qué lástima que en ese aspecto Colima siga sumergido en la barbarie. Con qué gusto oiría lo que espetara al respecto Gionavni Sartori (Homo Videns) uno de los últimos gigantes de la inteligencia planetaria o el científico Harlow Shapley, entre otros. Ni hablar.