Relámpagos Filosóficos


Teodoro de San Buenaventura.-

Primera parte

“Buscad la verdad y ella os hará libres”. Se nos dice en la Santa Biblia “que el hombre fue hecho a imagen y semejanza de Dios”, y la verdad es que por la carencia de principios religiosos, morales y filosóficos, nadando en la abominable codicia (insaciables en la adquisición de bienes materiales) y la desgraciada lujuria que nos arrastra hacia los placeres sexuales, gula y pereza, más bien la verdad es “que nuestra imagen y semejanza coincide con la del Diablo”.

Durante los 300 años de dominación española en nuestra querida patria mexicana (1521-1821), el clero manipuló la economía nacional a su antojo y provecho. Entre otros, dos preclaros insurgentes, Hidalgo y Morelos, iniciaron la guerra de independencia. Pagaron con sus vidas el intento  y sus cabezas colgaron en los murales de edificios públicos.

La independencia la logró el clero con Agustín de Iturbide, para no permitir se jurara por nuestro gobierno virreinal la Constitución Política de Cadis en 1812, vigente en España, que suprimía sus fueros hasta en las colonias españolas. Nombra a Iturbide emperador, luego lo corren al exilio, a su retorno lo fusilan.

Posteriormente manipulan al general Antonio López de Santa Ana, y, éste y el clero, le brindan todo el poder a EU para que se quede con más de la mitad de nuestro territorio nacional (California, Texas y Nuevo México) dos millones de kilómetros cuadrados por míseros 15 millones de dólares.

La guerra de reforma promovida por Benito Juárez los reduce a polvo con la Constitución de 1857. Logra entrar Porfirio Díaz al poder y vuelve el clero hasta 1910, en su alianza con Porfirio, establecer el régimen feudal con miles de haciendas que los mantenía tomando chocolate todos los días.

Liberales de la talla de Francisco I. Madero, Venustiano Carranza, Emiliano Zapata y Francisco Villa sacan a Porfirio Días del poder, darle el tiro de gracia a las uñas clericales con la revolución mexicana de 1910, concentrando sus ideales en la Constitución del cinco de febrero de 1917, que actualmente nos rige. Todos fueron fusilados.