Relámpagos filosóficos


Teodoro de San Buenaventura.-

Celos políticos y decepciones postulatorias a cargos públicos han provocado que regidores de la Comisión de Hacienda municipal, pintaran un cuadro mitológico muy triste. La ciudadanía detecta al ver el cuadro: “Que los 40 ladrones se enojaron contra su jefe Alí Babá”=

La democracia (poder del pueblo) por el pueblo y para el pueblo, en nuestra querida patria mexicana, está por los suelos, dado que los titulares en los poderes Ejecutivo y Legislativo, se asignan unos sueldazos que hunden a la nación en la miseria.

El ícono de la mujer pescadora con dos pargos bien gordos que mandó instalar en el muelle mi estimada ex alumna, Martha Sosa, es su viva imagen. Ya ha logrado capturar gordos puestos públicos y aún desea capturar otro guachinango y así continuar hasta llegar a una regiduría plurinominal, sin dar oportunidad a que otra mujer llegue a millonaria.

Si el gobierno escuchara la voz del pueblo, que es la voz de Dios, sus percepciones económicas se dictarían a por mitad, y/o, la Ley Electoral contemplaría que todo cargo de elección popular, fuese honorífico. Sobraríamos mexicanos y mexicanas, dijera Fox, entre jubilados y los de solvencia económica que, con gusto, desempeñaríamos los cargos.

Eso sí. Que nadie se sienta ofendido, pues, no hay ningún santo. Los que no la regamos por un cachete, la regamos por el otro.

Jesús notó esta desgracia, cuando nos dejó dicho: “De mil que me buscan, uno me encuentra. De mil que me encuentran, uno me sigue. De mil que me siguen, uno es mío”. Si hoy nos hablara, diría: “De tres millones que me buscan y siguen, uno es mío”.

Lo único grato que nos queda es darle gracias a Dios por las sublimes bendiciones que a cada uno de nosotros nos ha dado (salud, inteligencia, familia, economía, dicha y felicidad), tratando siempre de vivir para servir.

Mi particular grito de júbilo es: ¡Que viva Enrique, Mario, “Nacho”, “Gaby”, “Pico”, Daniel y Virgilio!, y que los demás candidatos dignos y de reconocida preparación profesional, sean llamados a trabajar al lado de los triunfadores. Tan, tan.