Relámpagos Filosóficos


Teodoro de San Buenaventura.-

Cuando un presidente municipal logra una excelente labor administrativa, su fama se extiende por toda la República mexicana. Este es el caso de Enrique Peña Nieto, José Ignacio Peralta Sánchez, Federico Rangel Lozano y Virgilio Mendoza Amezcua. Comprobado está. Las buenas obras brillan en el plano material y son bendecidas en el plano divino.

Las malas, ya ni para citar la peor, trascienden a nivel internacional, y la efluvia (lluvia de negatividad), nos manda al infierno.

Enrique ya llegó a la cumbre del poder. Ignacio será nuestro futuro gobernador. Federico le sucederá en el trono. Virgilio será un atento, amoroso y glorioso diputado.

Para dicha, paz y progreso de los manzanillenses, quien quede, Gabriela Benavides y Francisco Zepeda. La primera con benéficas propuestas en el Congreso del Estado y su distinguida participación ayudando y resolviendo problemas a tirios y troyanos, tiene costales llenos de gratitud en el seno de los Miércoles Ciudadanos. El segundo, como catedrático de la Universidad de Colima, y el logro de aprobación de sus iniciativas de ley y puntos constitucionales, como diputado federal, en beneficio de nuestra patria y en particular para todo el estado de Colima, méritos le sobran para llegar a alcalde del municipio más bello del mundo.

Lo único que nos salvará, desde niños hasta personas senectas, lo dijo Jesús: “Amar a Dios y al prójimo como a nosotros mismos”. Para lograr esto, debemos velar para que nuestros pensamientos, palabras y obras, previa consulta con nuestro Cristo interno, sean sumamente positivos, pues, lo que daña, nos daña.

Oración, perdón y no ver jamás la paja en el ojo ajeno, son aviones de oro para retornar a la diestra del Padre y no más reencarnaciones en este valle de lágrimas. Tse fini.