Relámpagos Filosóficos


Teodoro de San Buenaventura

Me tocó en suerte asistir a la toma de protesta de mi amigo “Nacho” Peralta como candidato al Gobierno del Estado. Brillante fue la facultad de oratoria de cuantos participaron en el uso de la voz.

El discurso de “Nacho”, elocuente, sincero y contundente, derramó su fina gratitud y amor hacia Peña Nieto, Mario Anguiano, líderes de partido, colegas aspirantes al trono y ciudadanía en general. De sus familiares, tan sólo a su hija alabó por su bella presencia.

En mi carácter de maestro jubilado y filósofo hermético-místico-esotérico, que aprecia su excelente preparación profesional, humanista y política, permítome darle dos consejos:

Que al primero que debe darle gracias al haber llegado a tan digna postulación es a Dios. Que jamás olvide su filiación cristiana.

El segundo es que se olvide de criticar las discordias de otros gremios electoreros. Dado que es reconocido avance de vibraciones positivas de carácter divino en el ser humano, al que fortalece su voluntad y gloriosa conciencia a ser bueno y practicar el bien en beneficio de todos los seres con vida.

Luz, energía y verbo, son tres cualidades de la presencia del Rey del Universo. Atracción, cohesión y unidad, sus principales valores. El amor, su única ley.

En tal virtud, mi querido hermano “Nacho”, en lugar de denigrar a contendientes al poder público, promete llamar a los más dignos y populares a integrar vuestro gabinete en el poder que el pueblo (la ciudadanía) os conferirá, si Dios lo permite.

Como a mis 85 años de edad me falta poco para “estirar la pata”, me la paso haciendo oración, para que la nueva generación de triunfadores a cargos públicos reduzcan sus sueldos y lo ahorrado se invierta en crear fuentes de trabajo, mejorar la educación y hacer realidad la fraternidad universal.

“Que la paz del señor sea con vosotros”, fue el sañudo que nos heredó el mártir de Gólgota. Tan, tan.