Relámpagos Filosóficos


Teodoro de San Buenventura

Hace varios años me tocó asistir como delegado de la CNC a un congreso nacional celebrado en el Estado de México. Esto me brindó la oportunidad de conocer la brillante labor administrativa –destacando el ejemplar desarrollo agropecuario- logrado por el gobernador de aquel entonces, Enrique Peña Nieto.

Por eso, con gusto voté por él para presidente de la República. Estoy seguro que, al terminar su sexenio, gusto nos daría a los mexicanos, la ley licitará su reelección. El mismo gusto nos daría a los manzanillenses la reelección de Virgilio.

Soy respetuoso de la manera de pensar de mis hermanos escritores de EL NOTICIERO, pero, yo estoy seguro que fue voluntad de Dios el que, de los dos luceros más brillantes (Federico e Ignacio) en el aprecio de la ciudadanía, el próximo sexenio gubernamental le toque a “Nacho” y el siguiente a Federico.

Igual bendición tendrá Manzanillo al triunfar con nuestro sufragio “Gaby” Benavides (la ilustre niña flaquita de Tapeixtles) o el joven catedrático de la Universidad de Colima, “Pico” Zepeda.

Para que no olvidemos que lo más importante es nuestra salud física, mental y espiritual os obsequio estos 10 cánones de la filosofía hermética que debemos practicar:

1.- Yo no hablo ni permito que me hable nada contrario a la perfecta salud, felicidad y prosperidad.

2.- Yo busco el lado bueno de todo lo que me ocurre y a todo lo que le veo ocurrir a otros.

3.- Yo le hago sentir a todo ser viviente que lo considero valioso.

4.- Yo pienso todo lo mejor. Espero todo lo mejor. Trabajo únicamente por lo mejor.

5.- Yo siento igual entusiasmo por lo bueno que le ocurre a otro que por lo que me ocurre a mí.

6.- Yo olvido mis errores del pasado y sigo adelante a mayores triunfos.

7.- Yo llevo una expresión agradable en todo momento y sonrío a todo ser que contacto.

8.- Yo no tengo tiempo para criticar a los demás, ya que paso tanto tiempo mejorándome.

9.- Yo me hago tan fuerte que nada puede perturbar la paz de mi mente.

10.- Yo soy demasiado grande para preocuparme. Demasiado noble para enfurecerme. Demasiado fuerte para temer. Demasiado feliz para permitir la presencia de algo negativo.

“Que la paz de Dios sea con vosotros”, nos sigue deseando Jesús en su cordial saludo.