Relámpagos Filosóficos


Teodoro de San Buenaventura

¡Quien tenga oídos, que oiga”, Jesús. Del pequeño grupo de naciones de edad milenaria, que en el cielo de la metafísica nos han legado “la palabra esotérica” que ilumina el camino para el feliz retorno de nuestra alma al plano divino, tres veces más extenso que el plano material que habitamos cuajado de galaxias, sistemas solares y estrellas, en aquel, “muchas moradas hay”, nos dice el hijo de María, son:

En Egipto, la palabra bendita es “religión”. En Persia, “pureza”. En Grecia, “belleza”. En Roma, “ley”. En Caldea, “ciencia”, y, en la India, “dharma”. Resultando tan ilustrativo este gramema que se da el lujo de contener el significado de todas las demás.

A cada oficio de ser humano corresponde su respectivo dharma, ello en base a la división de clases sociales. En los Vedas (libros sagrados del brahmanismo hindú) contemplan cuatro clases sociales: Brahmanes, kshattriyas, vaishyas y shudras.

El dharma de cualidades kármicas de la casta brhmánica (autoridades, sabios y sacerdocio), son: Serenidad, imperio sobre sí mismo, austeridad, pureza, prontitud en el perdón, sabiduría, conocimiento y creencia en Dios.

Para los kshattriyas (militares, policías): Valor, esplendor, firmeza, destreza, temeridad en el combate y generosidad.

Para los vaishyas: Agricultura, pastoreo y comercio con empeño y dignidad.

Para la clase de los shudras: Actuar como eficiente servidor.

En la actualidad, con estudios universitarios, tecnólogos y méritos propios, se puede escalar, ascender. Apartados del dharma, lógico, se desciende hasta caer al infierno.

Predicar con el ejemplo al cumplir con nuestro dharma, tiene mayor mérito que pasar viendo “la paja en el ojo ajeno”.

Dios es luz, verbo, paz, progreso, felicidad, belleza y armonía.

“Gaby”, “Pico” y “Nacho” son, entre muchos, de sus dharmáticos discípulos. Tan, tan.

P.D. Mi eterna gratitud para Federico y Virgilio.