Relámpagos Filosóficos


Teodoro de San Buenaventura.-

“In corpore sane, ment sane”. El átomo de luz de procedencia divina que encarna en un vientre materno del género humano es, por merecida evolución lograda en miles y miles de años por sucesivas reencarnaciones en los reinos: Mineral, vegetal, animal, y/o que al dejar ese átomo de luz, por cualquier circunstancia su cuerpo humano, logre retornar y encarar en otro cuerpo similar.

Cuerpo, mente y alma, integran nuestro ser. Manteniendo la pureza de nuestra alma y mente, nuestro cuerpo lucirá fuerte, sano y bello.

Reza un aforismo esotérico: “No hay bueno ni malo, el hombre lo hace con sus pensamientos, palabras y obras”.

El alma es sinónimo de vida, inteligencia y sabiduría. Dios es luz, mente y verbo. Por haber sido el hecho el hombre a su imagen y semejanza, nuestros pensamientos y palabras convertidas en vibraciones positivas o negativas, se materializan. El gran Rabí de Galilea, sobre el tema, nos legó el mejor consejo: “Lo que el hombre sembrare, eso mismo segará”.

Retomando la frase del prefacio en este escrito, si deseamos tener cuerpo y mente sanos, obedezcamos los mandatos de nuestro Cristo Interno, quien por conducto de nuestra alma de la intuición a nuestro cerebro, que con voz clara nos dice: “Sed bueno y practicar el bien”, ¿cómo?, procurando a toda costa tener buenos pensamientos, buenas palabras y buenas obras.

Si a esto le agrega usted un programa de ejercicios cotidianos, 10 minutos o más de meditación, dar las gracias por todo y hacer oración tres veces al día, salud y gracia estarán contigo. Tan, tan.