Relámpagos Filosóficos


Teodoro de San Buenaventura.-

Toque de alerta. Un señor, como de 45 años de edad, moreno, chaparrón, cara ancha, achatada, me abordó cuando andaba regando el patio y jardín de mi departamento en el Andador 2 de El Valle de las Garzas. Me contó que su esposa llevó a su hijita al Hospital y cuando fue a verla, ya la habían mandado al nosocomio de Colima. Me empeñó una bicicleta vieja, amarilla, sin salpicaderas, en 150 pesos y que en cinco días regresaba a pagarme. Dejé la bici recargada en la pared, seguí regando. Cuando quise meterla, ¡ya había desaparecido!

Mi único consuelo cuando pierdo algo o me roban, es pedir que le vaya bien al ladrón y decirle a Dios que acepte lo perdido como pago del diezmo que nunca doy completo a las iglesias que frecuento en sus cultos.

Creo que es preferible que cuando alguien nos pide algo, inventando una tristeza, mejor le demos lo que nuestra conciencia nos dicte.

Por otro cachete. Estamos por tener a la vista los más populares candidatos a los distintos cargos públicos en los poderes Ejecutivo y Legislativo en los tres niveles de gobierno.

El 95% de la ciudadanía vamos a votar en base a la gratitud que cada uno nos merece por los beneficios individuales o colectivos que hayan sembrado.

Lo más curioso es que todos los que se perfilan son, sobradamente, dignos de ser postulados. Lo más seguro es que los perdedores serán llamados a integrar gabinetes de los ganadores.

Todos los libros sagrados de la filosofía místico-esotérica nos hablan del principio del mentalismo. Todo tiene mente. Dios es luz, verbo y mente. En lo que piensas, en eso te conviertes. Todo pensamiento, bañado de fe, se materializa.

En tal virtud, exhorto a mis queridos lectores a pensar con fe que quienes triunfen en las elecciones, reduzcan al mínimo sus sueldos, y lo ahorrado se invierta en abundancia de fuentes de trabajo que den empleo hasta a discapacitados.

Que la ciencia se vuelva religiosa y la religión científica. Con el objetivo de que niños, jóvenes, adultos y personas de avanzada edad, conozcamos y pongamos en práctica la única ley que une, cohesiona, armoniza, libera y nos hace felices: La ley del Amor.

¡Qué Jehová nos colme de bendiciones! Amén.