Relámpagos filosóficos


Teodoro de San Buenaventura.-

Hace 2014 años nació en Belén Jesús, “El Salvador del Mundo”, y en el “Sermón del Monte” (libro de Mateo 5), nos obsequia el numen de su doctrina redentora en nueve versículos:

Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.

Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.

Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo.

Si estos brillantes apotegmas los convertimos en el “pan nuestro de cada día”, claro está que estaremos haciendo tesoros en el cielo, amando a Dios sobre todas las cosas, pidiendo perdón y perdonando 70 veces siete. ¡Claro está!, seremos la luz y la sal del mundo, y nuestro nombre será inscrito en el libro de merecedores de vida eterna en el Pleno Celestial con un autolumínico cuerpo de luz para nuestra alma, y ya no más retornos y reencarnaciones en este Valle de Lágrimas.

Negar la omnipresencia de Dios en nuestro ser, nuestro origen divino, dotados de piedad, amor y misericordia (vivir para servir), usando nuestro libre albedrío en discordias, crímenes, hurtos y vicios mundanos, condenamos a vivir nuestro átomo de luz (alma) en el infierno (centro de la tierra) y/o la parte negra y oscura de la luna, al lado de Herodes, Hitler, Nerón y mataestudiantes.

¡Sobre aviso no hay engaño!