Relámpagos Filosóficos


Teodoro de San Buenaventura.-

 

Es un placer ir al Miércoles Ciudadano, en el Casino de la Feria, aquí en Manzanillo, y notar que frente a las mesas en que atienden a la ciudadanía, Virgilio (mi amado sobrino), la niñita flaquita de Tapeixtles, Gaby (mi hija consentida); y Daniel (mi chiqueado ex alumno), hay decenas de mujeres y hombres implorando a Dios les sea favorable su petición. Raro es el que se va con la cara triste. Su semblante alegre denota haber recibido la bendición a su problema.

Virgilio tiene un corazón más grande que la casa del Casino; Gaby, con sus cinco años de experiencia como magistrada del Tribunal Superior de Justicia en el Estado y un corazón de oro capaz de gestionar ante todas la autoridades y hasta con Jehová y Satanás lo que beneficie y resuelva el problema de sus quejosos. Daniel, con amable sonrisa, y la autorización de Virgilio en casos negros ante la pobreza, y por su cuenta los que son factibles, logra que algunas personas lloren de gusto.

En tal virtud, al triunfar Virgilio como candidato a gobernador, es seguro que invitará a mi amigo y compañero de profesión, Federico, o a quien el PRI designe a la contienda electoral (los 10 prospectos, por sus méritos, son dignos de contender).

De triunfar el que sea postulado por los 10, por ser amigos todos de Virgilio, estoy seguro que lo invitarán a desempeñar el cargo más importante en su gabinete.

Creo que quien quede al mando del poder Ejecutivo en el reino de Colimán, establecerá los Viernes Ciudadano en los 10 municipios de nuestra entidad federativa, enviando a sus secretarios a los nueve estados en los que no pueda estar presente.

La ciudadanía colimense tenemos la fortuna de contar con un 99.9 por ciento de funcionarios públicos que guardan y respetan las leyes sociales civiles y divinas, sabedores, de que “al que mal obra, mal le va”.

Con el desgraciado ejemplo de las autoridades y policías de Guerrero, desapareciendo estudiantes, y peor, si de cierto los mandaron quemar. El PRD recibió el tiro de gracia, y Cristo Jesús ha llorado de tristeza al ver que su amargo sacrificio al haber aceptado ser maltratado y alzado en la cruz en vías de hacer eterna la Ley del Amor, ha sido en vano.

Desde el punto de vista esotérico, la muerte de nuestro cuerpo físico representa una verdadera resurrección de nuestra alma, con derecho a su ascenso al Plano Divino, en base a nuestras obras, y/o, su nueva reencarnación, degradante o elevada, pagando o recibiendo lo que en nuestra vida anterior o anteriores reencarnaciones haya merecido. ¡No temo a la muerte!, debe ser nuestro lema.

Ahora, los dictados de nuestra conciencia y gratitud nos dictan el mejor partido político. Lo negativo separa y destruye. El bien, lo positivo, une, fraterniza, armoniza, embellece, alegra y eleva.

Felicito a mi ninfa, Rebeca Mendoza Silis, por sus gotitas de luz celeste que sirven de “Alimento para el alma”. The end.