Relámpagos filosóficos


Teodoro de San Buenaventura.-

¿Desea usted que su Yo divinal interno (alma) reencarne en cuerpo humano, bello, fuerte, inteligente y dichoso, cuando muera o merezca retornar al Plano Divino al lado del Padre dotada de un cuerpo etéreo de luz eterno?

Cumplamos con los mandamientos doctrinarios que los siete mesías nos han legado transcurso de la vida humana en nuestro planeta tierra, inscritos en los libros sagrados de todas las realidades existentes, que aquí sintetizo.

“Morir para los deseos de codicia y lujuria. Amar a Dios y al prójimo (vegetales, animales, hombres, mujeres y niños) como a ti mismo. Tener piedad y misericordia abatiendo el sufrimiento. Hacer tesoros en el cielo y meditar a diario lo más que se pueda hasta lograr la comunicación directa con nuestro Cristo interno, son la infalible receta”.

No olvidemos clavar en la cruz nuestros pecados. La cruz en matemáticas, nos dice Pitágoras, es el signo positivo de “más”. La rayita horizontal, el “menos”. Esto equivale a poner la mejilla derecha cuando te van a pegar en la izquierda, ¿entiendes?

Vivos ejemplos de piedad y misericordia, son nuestros hermanos Luis Humberto Arch Navarro y Martín Sandoval Padilla, quienes por turno todo el santo día, parados a media calle, colectan ofrendas para el Asilo de Ancianos que cuenta con 28 internos y ocho colaboradores del cuerpo administrativo. Hasta su directora tiene un nombre de santidad, Rosario Iglesias.

“Tan sólo se posee lo que se da”, nos dejó dicho un ilustre filósofo alemán.

“Tan sólo un consejo os doy, dijo Jesús a sus discípulos, que os améis los unos a los otros”. Tse fini.