Relámpagos Filosóficos


Teodoro de San Buenaventura.-

“Buscad la verdad y ella os hará libres”, Rabí Jesús, años 0 al 33 de nuestra era.

Tres nombres tiene la luz divina de Dios omnipresente en todos los seres del inconmensurable Universo: Espíritu Santo, Paráclito y Paracleto.

Cuando leemos la palabra de Dios en la Santa Biblia, se nos dice: “Todos los pecados serán perdonados, menos los cometidos contra el Espíritu Santo”, y nos preguntamos cuáles son. Personas santas traductoras de infinidad de pergaminos bíblicos, nos aclaran el dato: “Pecar contra el bien y la verdad, que es la luz divina de Dios o Espíritu Santo, es imperdonable “.

Cuando el instruido fariseo Nicodemo logra una reunión privada con Jesús, le reconoce “ser un doctor venido de parte de Dios, pues nadie podría hacer los milagros que tú haces, si Dios no estuviera contigo”. “Si un hombre no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios”, le replica Jesús. Nicodemo lo ignora como Cristo le dice:

“Quien no nace del agua y del espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” (ser bautizado). Los sabios esenios, con quienes Jesús convivió en sus monasterios a orillas del Mar Muerto, nos aclaran el punto: El agua representa la verdad recibida intelectualmente de una manera abstracta y general que purifica el alma y desenvuelve su germen espiritual.

“El renacimiento por el espíritu o bautismo por el fuego celeste significa la asimilación de esa verdad por la voluntad, que se convierte en la sangre y la vida, el alma de todas las acciones”.

Conclusión. Gobernantes y gobernados deberemos practicar el bien y la verdad, reflejando en nuestros pensamientos, palabras y obras, el amor eterno de Jesucristo y la resplandeciente luz divina del omnipresente Paráclito que mora en nuestro corazón.

¡El moverá nuestra mano para votar por quienes serán nuestros mejores gobernantes, legisladores y ejecutivos!

Agricultura, ganadería y pesca, son prioridades como fuentes de trabajo hasta para minusválidos. ¡Gracias, Dios, por escucharme!