Relámpagos filosóficos


Teodoro de San Buenaventura.-

Hoy más que nunca, pueblo y gobierno, deberemos acrecentar la vigencia del apotegma del filósofo alemán, Emmanuel Kant (1724-1804), que reza: “El mayor bien, para el mayor número”.

Si deja más dinero y se benefician más personas con los torneos de la pesca del pez vela, lógico es el que se mantenga su veda para los pescadores.

En los textos sagrados del brahmanismo y budismo hindú encontramos dos palabras que resaltan en sus dogmas: Karma y dharma.

La primera se refiere a la ley de causa y efecto, la cual Cristo resumió en su irrefragable advertencia: “Lo que el hombre siembre, eso mismo segará”. La segunda, el dharma, nos induce a siempre consultar nuestro “Yo Divinal” interno para no apartarnos jamás del sumo bien en nuestros pensamientos, palabras y obras. Ubicados siempre muy por encima del karma.

Dejar sin trabajo, obviamente sin dinero, para sostener a sus familia y mandar a sus hijos a la escuela a miles y millones de extractores de mineral, transportistas, fabricantes y comerciantes de satisfactores, y hasta decomisar dos barcos coreanos despertando el odio, rencor y maldiciones en lugar de aprontar los trámites de licitud sin perjudicar a nadie, deja muy lejos lo de “amarás al prójimo” en el corazón de Peña Nieto, Mario Anguiano y funcionarios inhumanos. Eso no retira el aprecio que les tengo.

Religión significa unirnos a Dios. Espíritu Santo: Iluminación divina. Alma: Conciencia, sapiencia y poder. Dios: Padre amoroso con todo lo creado en le inconmensurable universo.

Lo bueno: Jamás es demasiado tarde para retomar el estrecho camino que conduce a la vida eterna de nuestro cuerpo, mente y alma.

Tse fine.