Relámpagos Filosóficos


 

Teodoro de San Buenaventura

El haber otorgado el 25 de diciembre como la bendita fecha del nacimiento del Niño de Belén, hace 2016 años, es tanta su vibración de luz divina, que a nivel mundial todos los seres humanos sentimos la emoción y felicidad, sintiendo que nació en nuestro corazón.

La misión de este niño fue mostrarnos el camino de salvación, amando a nuestro padre Dios día y noche, y a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Perdonar, no criticar, predicar con el ejemplo y cumplimentar las obras de misericordia, logrando como premio el feliz retorno de nuestra alma al Plano Divino, al lado del Padre y su hijo Jesucristo, donde hay muchas moradas.

Jesús nos advirtió: ¿De qué le sirve al hombre poseer abundancia de bienes materiales en la Tierra si pierde su alma? Dichoso quien dedica su vida a hacer tesoros en el cielo.

Este premio que obsequio a mis lectores, muy en especial lo dedico a nuestras queridas autoridades de los tres niveles de gobierno (Ejecutivo, Legislativo y Judicial), para que esa bendita inteligencia que Dios les iluminó, la apliquen elevando la Ley del Amor al vértice de la pirámide, derramando armonía, paz y progreso en las tres clases sociales del pueblo, que por sublime intuición les otorgamos nuestro sufragio en las elecciones.

De no renunciar a sus percepciones laborales en bien de la patria, su futura economía debe ser invertida en fuentes de trabajo bien remuneradas para miles de mexicanos carentes del maná de cada día.

¡Que el Niño Dios sacuda el corazón de nuestros amadísimos Kike, Nacho y mi hijita Gaby!

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