Relámpagos filosóficos


Teodoro de San Buenaventura.-

Después de una tremenda reflexión, mis amados lectores, hoy, hoy, he decidido dar el diezmo, repartido en las iglesias en que asisto a sus cultos. Antes lo he hecho en forma pichicata.

“Ve y vende todos tus vienes y repártelo a los pobres”, le dijo Jesús a un joven adepto. Yo, en dos ocasiones, vendí mi ganado, presté el dinero y no me lo pagaron. Mi consuelo es que dios me jala las orejas, para que cumpla su mandato.

Dar el diezmo de todo corazón acrescenta nuestars riquezas siete veces, y el dueño de todo lo creado nos da salud, gozo y alegría.

Los ministros de las iglesias –sacerdotes, pastores y venerables maestros de centros iniciáticos- con ese dinero, cubren los gastos de sus templos, su subsistencia y salidas a predicar la palabra que fortalece la paz, la armonía, el progreso y el amor a nivel universal.

Joaquín, esposo de Ana, padres de avanzada edad, la gracia de Dios les permitió procrear a la virgen María, madre de nuestro señor Jesucristo. Joaquín era dueño de varios rebaños de ovejas. De lo que obtenía de sus ventas, hacía tres partes. Una era para su sostenimiento, otra para el pago de sus pastores y la otra la daba a la iglesia.

¿Cuál es el quid del asunto? Dos cosas: Si le ofrendamos al Padre de lo que nos da, quiere decir que lo amamos y somos amorosos con el prójimo y nosotros mismos. La segunda cosa es la más importante: Al dejar nuestro cuerpo -templo del alma-, ésta retorna al Plano Divino (Plano Celestial), al lado del Padre y ya no más reencarnaciones, sujetos a leyes de la Madre Naturaleza (nacer, crecer, reproducirse, envejecer, enfermar y morir). El traje etéreo de que será dotado nuestro ente divinal (átomo de luz, alma) será también eterno.

Ira, lujuria, codicia, apego y egoísmo son las cinco perversiones mortales creadas por nuestro yo inferior, que desgraciadamente adoptamos en base a nuestro libre albedrio. Su práctica nos conduce a vivir en el infierno del pecado. Su efluvia (lluvia de negatividad) se traduce en macrosismos, ciclones, tsunamis, guerras, etc.

Herman Jess nos dice: “Tan sólo se posee lo que se da”.

Tan, tan.