Relámpagos filosóficos


Teodoro de San Buenaventura

Cuando el intelecto humano llega al límite de lo inefable e indescriptible  sobre la creación y origen del Universo y millones de seres con vida en perfecta armonía en los reinos mineral, vegetal, animal, humano y divino. Desde que el hombre apareció en la Tierra, las lúcidas instituciones de su mente y corazón, le dicen: Una mente superior de luz y música celeste, llamada Dios en todos los idiomas y dialectos del mundo que está en todo, lo sabe todo y lo puede todo, es el creador de todo lo creado.

En infinidad de libros de metafísica y filosofía místico-esotérica, el inconmensurable Cosmos alberga cientos de universos y miles de sistemas  solares como el nuestro y para su feliz permanencia, nuestro Padre Dios, cuyo verdadero nombre es: Yo soy el que soy (el simple hecho de nombrarlo nos hace partícipes de sus cualidades). El, con sólo hecho de pensarlo ha creado sus huestes celestiales de dioses, potestades, tronos, arcángeles, ángeles y serafines, verdaderos guardianes del equilibrio interestelar desde la más enorme galaxia, hasta el brillante núcleo de un microscópico átomo.

Desde la creación de Adán y su crecimiento demográfico en las razas hiperbórea, protoplasmática, lémur, atlante y nuestra actual raza, el espíritu divino de Jehová cada 2,00 años ha reencarnado en seres humanos llamados Mesías, que inducen con su palabra y sublime conducta a costa de sus vidas a mejorar la fraternidad entre pueblo y gobierno, basados en su ley de verdad, justicia y amor. Su inmanencia y práctica de esa ley nos permite hacer tesoros en el cielo. Dichosos seremos aquí, y gloriosos en su reino.

Los latigazos que sufrido nuestra Patria con guerras, pérdidas de territorio y abuso del egoísmo de la mayoría de nuestros gobernantes.

Hoy, día a día ya la mayoría de ejecutivos y legisladores caminan sin soltar la mano bienhechora  del Mártir del Gólgota.

Como lo que uno piensa o habla se materializa. Procuremos pensar lo más positivo sobre nuestros jerarcas en el poder y los que elijamos a futuro.

Con eso de que, “lo que uno pida se le dará”. ¡Pidamos lo mejor para todos los seres con vida! Amén.

 

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