Relámpagos Filosóficos


Teodoro de San Buenaventura

 

Con letras de oro, debería publicarse en todos los órganos informativos de nuestro estado de Colima, la heroica determinación y brillante ejemplo de mi estimado amigo, Horacio Mancilla, presidente municipal de Minatitlán, al haber renunciado a cobrar su sueldo, en pro de mayores beneficios para el pueblo que lo eligió.

Si a nivel nacional, los cargos en los poderes Ejecutivo y Legislativo fueran honoríficos, debido a la buena voluntad de mexicanos y mexicanas con solvencia económica, y por jubilados y pensionados de buen corazón y aptos para el servicio. Lo ahorrado sería invertido en fuentes de trabajo, pondrían sucursales hasta en Africa, y/o donarían alimentos y medicinas a países en desgracia.

A mí me hace chistes la vida. En varios artículos he sugerido la idea de que las autoridades reduzcan sus salarios a por mitad o que no cobren nada. Yo tenía permiso de no asistir como ejidatario a las asambleas de mi ejido por viejo, pero mi hijo Federico me invitó a la elección de la mesa directiva, por lo que participé en la planilla como suplente del candidato a presidente. Como el titular a presidente está enfermo, el delegado agrario preguntó a quién poner en sustitución, varios gritaron, ¡al profesor Teodoro!

Lo curioso, lo que yo pedía para otros, me tocó a mí. Un cargo en el que no cobro nada, es decir, sin sueldo alguno.

Para seguirme orinando de risa, me jubilé con 45 años de servicio en el magisterio, pensando en durar unos cinco de baquetón. Ya voy en los 19 y no me he muerto.

¡Que Dios colme de bendiciones a Horacio!

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