Relámpagos filosóficos


Teodoro de San Buenaventura

Mi hermano pastor en la iglesia, “La casa del alfarero” del Valle de las Garzas nos narra esta bonita historia:

“Había un mendigo que día a día se sentaba junto a la puerta de un palacio esperando al rey que siempre le daba su limosna.

Un día de esos, el rey le dijo al indigente: Ahora yo estiro mi mano hacia ti para que me des lo que quieras y puedas. El pordiosero metió la mano a su morral, tocó la bolsita de arroz que traía, le introdujo sus uñas, tomó dos granitos de arroz y se los dio al rey.

El monarca extrajo dos monedas de oro y se las dio al mendigo.

Este gritó: Acá traigo más arroz para que me dé más monedas.

El rey le dijo: “Las que me diste de corazón  son las que valen”.

Con esta anécdota nuestra conciencia nos pregunta: ¿Ofrecemos el diezmo, dándolo a necesitados y a la iglesia de nuestra preferencia?

¡Dios premia al dador alegre!

Que Dios ilumine a nuestro hermano Enrique, Nacho, mi niñita Gaby, sus huestes de colaboradores,  a diputados, senadores y regidores para que logren crear fuentes de trabajo bien remunerado hasta para niños de escuela y discapacitados. ¡Hagamos oración!