Relámpagos Filosóficos


Teodoro de San Buenaventura

 

Hoy, sean mis primeras palabras: Un cordial saludo para mi amigo Carlos, su bendita esposa, sus honorables hijos (entre ellos su adorable princesita), sus ilustres colaboradores y su gran grupo de linotipistas que se dignan a publicar mi artículos.

Mi vocación, cuando niño, fue la de haber sido sacerdote, Dios me dio el oficio de maestro de escuela por 45 años.

El haber impartido la materia de Filosofía en bachilleratos de Manzanillo, Estructura Socioeconómica en la carrera de Contabilidad, e Historia Universal en secundarias, me sirvió para en mis 19 años de jubilado, gran número de libros de metafísica han sido el placer de mi alma, por ser concordantes con la Santa Biblia.

Sobre ello, con gusto les lego esta concomitante historia: Un monje tibetano, por su entrega a la oración y dones de sanación, tomó fama de santo, de un gran santo.

Por pura curiosidad le preguntó a dios si era verdad lo del mejor. Yahvé le contestó que había otro más santo que él. ¿Quién es y dónde vive?, es un carnicero y vive en tal pueblo, le contestó.

El monje partió a buscarlo y a pedirle que fuera su maestro. Cuando llegó al pueblo indicado, dio con él. Se sentó frente al despacho y todo el día lo estuvo observando, notando que hasta a bellas damitas les dirigía piropos.

El carnicero que había visto el monje, ya para irse a su casa le preguntó si en algo podría servirle. El monje le contó la charla que sostuvo con Dios y el carnicero se rió y lo invitó a su casa a pasar la noche. Antes de sentarse a la mesa, el carnicero le dio comida en su boca a un ancianito, luego lo recostó en su cama y lo cobijó. ¿Es su papá?, preguntó el monje; no, tan sólo a usted le platicaré. Este hombre mató a mi padre. Con el tiempo llegó a mi casa, todo andrajoso, enfermo y con hambre. Cuando sentí deseos de venganza, recordé que mi padre, desde niño, me infundió el ser piadoso y perdonar a quienes más nos ofenden, obedeciendo con ello a Cristo Jesús.

Si a lo anterior le agregamos “no ver la paja en el ojo ajeno”, todos vamos para santos que volamos. Amén.