Relámpagos filosóficos


Teodoro de San Buenaventura.-

¡Hágase la luz!, pensó Dios, y la luz fue hecha. Todo lo creado en el inconmensurable universo es producto de la mente de El, auxiliado por sus huestes de dioses, semidioses, potestades, tronos, arcángeles, serafines, ángeles y seres humanos creados a su imagen y semejanza.

De aquí que nosotros, dioses en miniatura, muy pendientes deberemos estar, vigilando los pensamientos en nuestra mente. Procurando que sean sumamente positivos en base a nuestro libre albedrío, dado que existe la ley de causa y efecto, llamada karma en la religión hindú, concentrada en la sublime advertencia de nuestro Señor Jesucristo: “Que nadie se equivoque. De Dios nadie se burla. Lo que el hombre sembrare, eso mismo segará”.

De no pedir perdón, arrepentirnos y ¡no más!, en esta vida o futuras reencarnaciones, se nos cobra todo en base a la ley del Talión: “Ojo por ojo, diente por diente”.

Así que, jamás piense o diga nada negativo en contra de su prójimo o de sí mismo, porque lo más seguro es que se materialice. Miles de enfermedades y fracasos han sido producto de nuestro padre Dios o su amado hijo Jesús, y seguro éste se lo concederá.

La divina presencia de Jehová radica en nuestro corazón y nos mantiene con vida haciéndolo latir. Dios es luz, conciencia, vida, amor y justicia. Omnipresencia, omnipotencia y omnisapiencia, son unos cuantos valores y virtudes de los millones que posee.

¡El pecado es muerte! Tan, tan.