Relámpagos Filosóficos


Teodoro de San Buenaventura

Conciencia, inteligencia y sabiduría son cualidades que nuestro ente divinal (alma, espíritu y Cristo Interno) obsequian a nuestro cerebro para que lo seres humanos transitemos el camino estrecho que nos induce a ser buenos y practicar el bien, venciendo la muerte con la misma muerte; es decir, si morimos para las pasiones carnales (vicios, fornicaciones, adulterios, hurtos, odios y violencia).
Paz, salud, dignidad, amor, misericordia y felicidad, el triunfo de oro obtendremos al hacernos acreedores de la salvación que tiene como premio un traje de luz etéreo y eterno para nuestra alma, y una morada a la diestra del Padre en el reino celestial. Ya no más reencarnaciones en este plano material en donde el templo del alma (nuestro cuerpo carnal) sujeto está a las leyes de la madre naturaleza que son infrangibles e irrefragables, que obligan a nacer, crecer, reproducirse y morir.
Dado que en un 99.99% despreciamos los dictados de nuestra conciencia, prefiriendo actuar como brutos, y hasta a veces peor que animales salvajez, el imparable crecimiento demográfico, el mediocre apoyo a la producción de alimentos (nula agricultura, ganadería y pesca) e insuficiencia en fuentes de empleo. Desde que hace millones de años que el hombre apareció en la tierra, las guerras han ejercido el control de la natalidad. Hoy, las guerras se les están acumulando los horrendos crímenes del narcotráfico.
Como estamos justo a tiempo de que la ciencia se haga religiosa, y la religión científica, las leyes y nuestra conducta jamás deben salirse de los cánones de la Ley del Amor.
Si nuestro hermano Nacho Peralta estableciera los Miércoles Ciudadanos una vez en cada cabecera municipal, rodeado de todos los secretarios de Estado, con el lema “Sí se puede, no se puede”, resolviendo en el acto toda petición, hasta el arcángel Gabriel vendría a colocarle una corona que le enviaría Cristo Jesús.
Seguir amontonado miles de peticiones, hasta al Diablo le daría flojera ver una por una, ya no digamos resolverlas positivamente. El bien y la verdad son rayos de luz del Espíritu Santo. Lo contrario es un pecado imperdonable.
Felicito a mi ex alumna Martha Sosa por pegar de gritos llamando a la diosa Justicia. ¡Animo, mis macuarros!, dijo Rubén Pineda Aguirre.