Relámpagos filosóficos


Teodoro de San Buenaventura.- 

Queridos lectores:

A invitación de los hermanos cristianos de la iglesia “Luz del Mundo”, asistí al festejo del 50 aniversario de la función ministerial por los cinco continentes del ungido apóstol Samuel Joaquín Flores, en el templo de la ciudad de Guadalajara, sede internacional de esta fraternidad apostólica-cristiana. No menos de 50 mil fieles procedentes de nuestra República, Centroamérica, Sudamérica, Estados Unidos y Canadá, asistimos al acto. Poco más de dos mil fuimos bautizados.

El bellísimo templo de Guadalajara, ubicado en terrenos de una colonia netamente cristiana, cuyos habitantes albergan gratuitamente a los miles de visitantes, tiene cupo para siete mil adeptos. Las amplias calles adyacentes se llenan de sillas metálicas individuales. La hilera de la derecha para mujeres y la de la izquierda para varones.

Potentes equipos de sonido y pantallas enormes permiten escuchar y ver al pastor oficiante y los nutridos bien uniformados que entonan sublimes alabanzas. Los floridos sermones perfectamente basados en la santa palabra bíblica e inspiradas vivencias del orden divino en el ponente, inducen al arrepentimiento, el gozo, la felicidad y el amor a Dios y al prójimo (todo ser con vida), como a uno mismo.

Un nueve de junio de 1964, el apóstol Samuel inició su misión evangelizadora. Cientos de templos, hospitales, asilos para ancianos y tráileres llenos de despensas para damnificados azotados por el hambre, fueron los logros de este apóstol de Cristo que está por entregar su alma al Creador. Este nueve de junio, desde su lecho, nos obsequió unas iluminadas palabras de fe, fortaleza y oración a la multitud concurrente.

Algo sumamente notorio. De los fieles, hombres y mujeres, nadie fuma, toma o se droga, y por parejo, hasta jóvenes y niños, nadie es capaz de tomar lo ajeno.

Yo, al igual que usted creo que existe un solo Dios, que es el mismo para todas las religiones del mundo, pugno porque a futuro tengamos en todo el planeta Tierra una sola religión, un solo idioma, un solo gobierno. Por eso asisto con sumo agrado a la iglesia que me inviten. Como maestro jubilado, ¡gracias a Dios!, dispongo del tiempo a mi gusto.

¡Jamás es demasiado tarde para retomar el camino que conduce a la vida eterna al lado del Padre! Tin, tin.