Relámpagos Filosóficos


Teodoro de San Buenaventura

Muy estimados compatriotas Enrique y Mario:

Por la gracia de Dios, vosotros estáis al mando del poder Ejecutivo a nivel federal y de una entidad federativa.

Si bien es cierto “que el suelo y subsuelo son propiedad de la nación” (artículo 27 constitucional), también lo es que la población humana somos el factor superior al territorio y todos los habitantes del planeta Tierra, el derecho a disponer para nuestro bien de todo lo que la Madre Naturaleza nos ofrece para alimentos y satisfactores, a sabiendas que el único dueño de todo lo que existe en el inconmensurable Universo es el Rey de los Reyes.

¿Ya se imaginan ustedes las millones de familias que a nivel internacional (extractores de mineral, cargadores de tráileres, operadores, barcos, tráileres, comerciantes de productos elaborados, pagos de impuestos, etc.) se quedaron en la calle y el hambre por su falta de amor y fraternidad universal?

Por 400 años, el clero en México patrocinó (300 de la época colonial y 100 del México independiente) levantamientos, aplicó la tortura, el potro, la guillotina, la prisión de San Juan de Ulúa, fusiló héroes y presidentes de la República en aras de su insaciable codicia. Las leyes de reforma de 1857 y el artículo 24 de nuestra Constitución vigente, después de ríos de sangre, los pusieron en paz.

Hoy, que el gobierno acapara el poder, sin tomar en cuenta que el crecimiento demográfico es imparable y la falta de empleo atiza el fuego de la violencia, la conciencia que Alá les dio, sucumbe, ante la falta de amor al prójimo, el respeto a leyes convenencieras para seguir mandando en la opulencia de bienes materiales y darle vuelo a la lujuria.

De rodillas le pido a su yo divinal, ordenen que de inmediato den libertad a esos tres barcos cargados de mineral partan rumbo a su destino, y le dejen al gobernador de Michoacán poner abogados que regularicen la exportación de minerales.

¡Perdonen mi franqueza!