Reingeniería social


Alberto Medina Urgell*

En los turbulentos acontecimientos que se han suscitado recientemente en diferentes partes del país, en donde la sociedad, con justa razón, o sin ella, se ha manifestado en reclamo de “algo”, y hasta ahí, podríamos estar bien, lo que no se vale es que aprovechando el “viaje” se dé cabida al vandalismo, que no es otra cosa que la comisión de flagrantes delitos, sin que autoridad alguna, por lo que se ve, haga algo por evitarlo y, en consecuencia, sancionarlo.

En ese tenor, y ante los hechos, muchas voces se han alzado esgrimiendo la ya urgente necesidad de una “reingeniería institucional”, toda vez que los problemas más álgidos han sido provocados por servidores públicos, en flagrante traición al mismo pueblo que los eligió.

Así, las exigentes voces justiprecian su pedir, argumentando que como ha quedado evidente, la pirámide de la autoridad moral de los gobernantes en turno, en las zonas de conflicto, ha sido del todo trastocada y por mucho rebasada por los vándalos infiltrados en las demandas públicas que exigen la aplicación de la justicia en los casos y orden que se traten.

Aplicados a lo anterior, consideramos que, si bien es cierto que la reingeniería institucional se hace cada día más necesaria, también es cierto que debemos ir aún más allá de lo que respecta el retornar la autoridad moral perdida, no únicamente por la vía institucional, sino que se debe iniciar para que tenga sentido lo primero, por una reingeniería social.

Veamos por qué; para empezar, todo planteamiento innovador es para el ciudadano, un paradigma nuevo que descifrar, y para el ser humano resulta intrínseco todo, porque el movimiento busca la excelencia para poder aplicar cualquier estrategia de orden y respeto viable ya existente en nuestro país, pero que no se aplica, y mucho menos se respeta.

Por ello, consideramos que la reingeniería institucional que algunos proponen, y dada la seriedad de la propuesta, no tendrá viabilidad sin una reingeniería social, aunque ésta sea un nuevo paradigma que exige dar vuelta a la página e iniciar con una hoja en blanco; es decir, que no importe que sea una transformación radical del significado y el orden de las reglas prevalecientes hasta esos momentos, y que aun cuando no explica y menos justifica el cambio innovador, que sí establezca con claridad que lo que hasta entonces era turbio y oscuro, poco a poco va ganando terreno credibilidad por su tangibilidad.

Sin embargo, no debemos soslayar que después de algún tiempo, este tipo de paradigmas comienza a tener grietas y surgen otros nuevos, pero la solidez del primer planteamiento, aleatorio o no, a este proceso repetitivo hasta que resulte, se le llama evolución.

 

EN CONTEXTO

 

El problema actual son los constantes cambios de paradigmas, lo que radica en adaptarse al cambio que se nos propone, y en que para poder aplicarnos al nuevo paradigma, se debe borrar de la mente el anterior, de no ser así, las ideas del viejo contaminarán las del nuevo; esto se refiere a que un nuevo paradigma es cambiar la hoja y empezar en una hoja en blanco, es, en esencia, una transformación radical del significado de la vida misma.

Afortunadamente, el ser humano tiene la capacidad de moldearse asimismo, de rediseñarse, de afinar y ajustar valores y actitudes, de hacer a un lado el egoísmo por el bien colectivo; los motivos de reflexión son: Calidad humana, ética, unidad y recordar a nuestros amigos de la misión que cada uno tiene pendiente, por ello la reingeniería social debe ir más allá de la “actitud” y llegar a la “conciencia.”

Con mi solidaridad y respeto, “si se quiere… ¡Sí se puede!”.

Es cuanto

Regidor del PRI en el Cabildo*