Reflexiones Económicas


Felipe Pimentel Pérez

 

Caja de fino cristal

 

El pasado jueves 14 de julio, en este espacio anotamos que un obrero con salario mínimo (73 pesos diarios) trabajaría dos años siete meses para juntar lo que un diputado se embolsa en un mes (70,153 pesos). Ese mismo día, otros medios informaron que los legisladores colimenses ganan 200 mil pesos mensuales; hoy, algunas personas expresan su desacuerdo para con ese abusivo sueldo.

Amigo lector, no se apasione, ese hueso es viejo y muy roído, no haga eco de los gritos de quienes exigen reducir ingresos monetarios a los diputados; la solución no es tan sencilla, la mayoría de los mexicanos aun no quiere convivir en la justa igualdad económica, esa es la contundente realidad.

En el país son 31 cámaras de diputados que suman cientos de legisladores, aunado el Congreso federal, con 500 diputados y 128 senadores; más de 2 mil 400 presidentes municipales y miles de funcionarios federales, estatales y municipales con prestaciones y sueldos muy superiores al de obreros y empleados comunes.

Lo anterior cuesta un dineral a la nación, se puede consultar por internet, no hay secretos ni ocultamiento; hoy es época de desigualdad transparente. Así que al pedirle a un diputado, a un senador o a un presidente municipal que se baje el sueldo, dirá: ¿Por qué nada más yo, y todos los demás cuándo? En consecuencia, resígnese, porque los diputados seguirán sirviéndose con la cuchara grande. Sólo hay un camino: Modificar leyes para disminuir la desigualdad en los sueldos de los empleados gubernamentales en los tres Poderes de la Unión, y para ello pasarán décadas.

El sistema político-mexicano y su administración pública están resguardados por una enorme caja de fino y transparente cristal, si alguno de sus integrantes arroja con fuerza una piedra, la caja se haría añicos y habría que gastar una fortuna para ser reconstruida por los mismos que viven dentro o por quienes están ansiosos de entrar a ella, fuesen del partido azul, rojo, amarillo o verde, todos, están bien pegados a las enormes ubres de la vaca, llamada erario público.

Esto no sólo ocurre en México, sino, pesos más o menos, en todos los países. Además, suponga que al establecerse una jornada laboral y un sueldo para diputados igual al de un maestro de primaria, entonces el problema sería llenar las curules vacantes, pues a nadie le interesaría ser legislador con un sueldo tan reducido. En cada contienda electoral, los candidatos a diputados o a presidentes municipales no se pelean por sus afanes de servicio a la patria, el agarrón que se dan es por los sueldazos que ganarán; así entienden la democracia muchos de ellos.

Si al amable lector le interesa estudiar cómo modificar la ley y frenar la autocomplacencia de los diputados, es recomendable que lea la Constitución Política del Estado Libre y Soberano de Colima, en sus Artículos: 33, fracción XII, relativo al aumento o disminución de dotaciones; 37, respecto a iniciativas de ley de ciudadanos colimenses; 107, alusivo al manejo racional de finanzas públicas; el 144, concerniente a remuneraciones equitativas de servidores públicos; y el 86 BIS, del acceso de los ciudadanos al poder público por la vía de los partidos. Le advierto que el vericueto legal no es rápido ni sencillo, es muy difícil armar e impulsar la estructura jurídica y movilización social para estos fines.

Por un lado, el Legislativo afloja y el Ejecutivo aprieta; el gobierno ofrece al mejor postor un avión oficial para reasignar algunos millones de pesos; hay que vender o cancelar todo lo que sea contrario a la austeridad. Las finanzas públicas colimotas están tan dañadas que a nadie le extrañe que mañana la noticia principal sea que el volcán de fuego, con todo y lava, fue empeñado o subastado para obtener dinero y pagar deudas.

Es fácil catalogar a los servidores públicos, son de dos tipos: Unos trabajan al servicio de la sociedad sin importar el monto del sueldo, su obra y nombre inspiran respeto y gratitud. Los otros, pobres de espíritu, se asignan alto sueldo, inmerecido, su nombre es repudiado y al abandonar el cargo dejan su fétida huella de desorden y saqueos.

México continuará vomitando en el basurero de la historia a quienes persistan en vivir a costa del trabajo y esfuerzo ajeno. La ley, la justicia y la decencia siempre se imponen. Bien decía mi maestro: Tú pórtate bien y déjale lo demás a Dios. Piense. Reflexionaremos el lunes.