Referencias Políticas


Salvador Olvera Cruz.-

La elección del futuro gobernador de la entidad es, sin duda, la oportunidad de que Colima y su gente cuenten con un presente y futuro donde la calidad de vida rompa las marcadas desigualdades sociales, corrupción e impunidad, que propicie la armonía y paz social, empleos y todo tipo de oportunidades que generen desarrollo para la entidad.

Lo antes expresado podría tomarse como una quimera; sin embargo, Colima, por su extensión territorial, índice poblacional, recursos naturales, posición geográfica y recursos humanos calificados, son renglones propicios para el progreso y desarrollo, restando tan sólo contar con un mandatario conocedor del medio y con la capacidad requerida para dar el paso al progresos de la entidad y bienestar de su pueblo.

Para sustentar lo anterior, basta decir que Colima cuenta con una población menor a las de ciudades como Guadalajara, México y Monterrey, por citar tres casos, restando tan sólo un plan de gobierno que se mantenga en el aprovechamiento de nuestras fortalezas con la visión que permita el desarrollo de la entidad y su gente.

En ese sentido, la elección del candidato resulta fundamental, como también el compromiso de los partidos políticos de operar la selección de éstos atendiendo el desarrollo de la entidad y consecuente, bienestar social; pues nuestro sistema político reclama alejarse de favoritismos en el momento de la decisión y de presiones de los grupos de poder.

En el caso de Colima y de todas las entidades del país, como en elecciones presidenciales, debe tomarse como piedra angular para alcanzar nuestro desarrollo y bienestar de la población, atender sin cortapisas la calidad de vida de la población, logros que están al alcance de la mano, si se responde cabalmente a las promesas largamente externadas e incumplidas.

Si bien es cierto que en nuestro sistema político se cuenta con gobernantes electos en las urnas por el pueblo, no debe olvidarse que la gente sufraga por cartas que desde las cúpulas del poder le ponen en la mesa, las cuales en la mayoría de las ocasiones no son las mejores para el pueblo, sino que éstas responden a intereses de corte político.

Lo anterior genera el abstencionismo, sustentado en el hecho de que las candidaturas en el fondo son rechazadas, dando como resultado contar con gobernantes que apenas cuentan con índices del 25 al 30 por ciento de los padrones electorales del candidato triunfador, que llega al poder con el voto minoritario de la ciudadanía.

Cabe mencionar que el PRI ya dio el primer paso al dar a conocer 10 cartas que pone sobre la mesa, que en planos reales son muchos; sin embargo, ello conlleva la intención de fortalecer la idea de una selección que en el fondo pretende fortalecer a algunos convocados hacia candidaturas a otra posición política, quienes en su momento se sumarán al candidato a gobernador.

En ese caso, se presume la intención de convertir en candidato a diputado federal al presidente municipal de Villa de Alvarez, Enrique Rojas, a quien hay que sumar a las senadoras de la República, a quienes les restan cuatro años como senadoras, pues resulta difícil que se dé el caso de que por la equidad de género sean candidatas, pues se pondría en riesgo la preservación del poder ejecutivo para el tricolor.

Respecto al diputado federal del Pvem, Nabor Ochoa López, se percibe que éste buscará el apoyo del PRI para la presidencia municipal de Manzanillo, o una diputación local, pues su candidatura a gobernador sembraría el descontento del priísmo “puro”.

En ese contexto, quedan cinco con posibilidades; como son los casos de Rafael Gutiérrez, Federico Rangel, Rogelio Rueda, Arnoldo Ochoa e Ignacio Peralta.

Sin embargo, de estos cinco, se percibe que el alcalde capitalino, Federico Rangel, es una carta que se mantendrá hasta la recta final, por su trayectoria institucional y trabajo llevado a cabo como alcalde, pese a las limitantes económicas de su administración.

En situación similar se encuentra el secretario general de Gobierno, Rogelio Rueda, quien tiene en su haber una amplia trayectoria política a nivel local y en responsabilidades de corte federal, como también suficiente experiencia de la problemática estatal.

En tanto, Ignacio Peralta le apuesta a sus relaciones a nivel central, las cuales en su momento pueden opinar a su favor, situación posible, siempre y cuando quien debe decidir finalmente así lo considere.

Por su parte, Arnoldo Ochoa, finca sus posibilidades en su experiencia y conducta institucional, como también en su capacidad demostrada a lo largo de sus encomiendas asignadas, y sus no pocas relaciones en el medio político nacional.

Finalmente, diremos que en el caso de Rafael Gutiérrez, a éste le falta mayor experiencia en el quehacer político, mas no en su capacidad para emprender negocios de corte particular.