Referencias Políticas


Salvador Olvera Cruz.-

Con el crecimiento de nuestra ciudad capital, como acontece en todas las demarcaciones en desarrollo, sistemáticamente se presentan demandas de la población que deben ser tomadas en cuenta con el propósito de priorizar y calendarizar a fin de no desatender las necesidades básicas.

Cada día la población demanda mejores condiciones de vida, situación que requiere de autoridades conocedoras a fondo del medio, como también contar con la suficiente visión para que toda obra o acción que se emprenda resuelva no sólo las circunstancias del momento, sino que se sustenten en bases para el futuro.

En el caso concreto de nuestra ciudad, está por demás demostrado que en el pasado reciente no se tuvieron los cuidados pertinentes, pues el haberse permitido la presencia de viviendas en sitios de riesgo, mismas que en estos días reclaman su reubicación, se pudo evitar de haberse procedido con visión de futuro.

Situación similar ha acontecido con la edificación de nuevos núcleos habitacionales, libramientos y aterías en que no se previó contaran con las obras requeridas para facilitar el desfogue de las aguas generadas por las precipitaciones.

De hecho, sabemos que en el pasado reciente, en temporada de precipitaciones, no se presentaban las inundaciones de hoy en día, pues actualmente con cualquier precipitación más o menos copiosa no dejan de presentarse afectaciones en viviendas y negocios comerciales.

Lo anterior debe representar una tarea inmediata a emprenderse, con la finalidad de que en el próximo periodo de lluvias se hayan llevado a cabo las obras requeridas para evitar los daños y emergencias que actualmente se hacen presentes.

Otro renglón que resulta necesario atender es el relativo a la creciente circulación vial por la ciudad, situación que genera embotellamientos y tardanzas consecuentes, haciéndose necesario un estudio a fondo que venga a atemperar las situaciones prevalecientes.

En ese contexto, se ha dado a conocer que de acuerdo al estudio realizado por el Instituto de Planeación para el Municipio de Colima, la vía del ferrocarril que comunica a la capital jalisciense con el puerto de Manzanillo, que fuera puesta en operación hace poco más de un siglo, así como fue pilar para el desarrollo, hoy en día representa un serio problema para el tránsito vehicular.

Al mismo tiempo, su ubicación representó una alternativa para el crecimiento de la ciudad que hasta antes no llegaba más allá de la calle José Antonio Torres, que con el establecimiento de la estación del ferrocarril generó el crecimiento de la ciudad hasta ese sitio.

Además, se multiplicó el tránsito vehicular, que si bien de inicio se generó con la presencia de mayor número de carretas tiradas con bestias de carga, conforme avanzó el tiempo y modernidad, se dio la presencia de vehículos de motor.

Sin embargo, en nuestros días, con el desarrollo de la ciudad, el paso del ferrocarril y vías por las que se desplazan por su añejo trazado, representa un serio obstáculo para la circulación y vigilancia de las colonias que se ubican a ambos lados de las vías del tren.

En respuesta a lo anterior, el alcalde capitalino, Federico Rangel Lozano, hace poco más de un año estableció contacto con la gerencia de la Vía del Ferrocarril Mexicano S.A. de C.V., para gestionar la reubicación de las vías del tren, con el ánimo de superar el caso; sin embargo, hasta la fecha no hay una respuesta concreta sobre el tema.

Además, la comuna capitalina está buscando la autorización de Secretaría de Comunicaciones y Transportes para generar un nuevo derecho de vía, para lo que se necesita de un proceso de negociación con los propietarios de los terrenos.

Cabe señalar que el primer tren que por “vía angosta” llegó a la ciudad de Colima procedente de Manzanillo fue el cinco de septiembre de 1889; sin embargo, la inauguración formal de dicho medio de comunicación se llevó a cabo 16 de septiembre de ese año.

Como en todo lo que se inicia, se carecía de una estación formal del ferrocarril, de talleres para mantenimiento y reparaciones de las locomotoras, patios y otros anexos indispensables para su operación.

Ante lo anterior, el representante de Compañía Constructora Nacional Mexicana, Arturo P. Hebert, solicitó y obtuvo del gobernador del estado, Gildardo Gómez, la donación del terreno y del agua que era indispensable, señalando para dicha estación y anexos el sitio en que actualmente se encuentra la estación.

La superficie cedida por el gobierno estatal a la compañía formaba parte de lo que era Ejidos del Ayuntamiento, razón por la que el Ejecutivo giró la orden al municipio para que se escriturara gratuitamente una superficie de 26, 275 metros cuadrados que era la extensión requerida por parte del ingeniero Arturo P. Hebert.

Como nos podemos dar cuenta, lo que antes se cedió en forma rápida, hoy en día que dicha estación y tren causan serios problemas, la tardanza es más que obvia.