Referencias Políticas


Salvador Olvera Cruz.-

Desde la década de los 90’s, los llamados cursos de verano que ofrecían los DIF municipales a los escolares que salían de vacaciones fueron aumentando su demanda cada año, iniciándose regularmente la segunda semana de julio, para terminar en la última de agosto.

La calendarización anterior obedecía a que los alumnos terminaban sus estudios de primaria y secundaria el 30 de junio, de acuerdo al calendario escolar, y regresaban a clases la primera semana de septiembre.

Por lo tanto, los cursos de verano de ese tiempo duraban un mes como mínimo y en otros casos una semana más, representando una oportunidad para que los escolares disfrutaran sus vacaciones realizando las actividades que les ofrecían.

En ese sentido, los maestros contratados por las comunas y DIF Estatal entretenían a los niños con actividades manuales, literarias, musicales, juegos diversos, deportes y todo aquello que resultara de su interés, incluyendo paseos y visitas a sitios históricos o recreativos.

Además, por esos tiempos, las comunas ofrecían dichos cursos en forma gratuita, recurriendo solamente a entregar a los alumnos inscritos el listado de algunos materiales especiales para el cumplimiento de lo programado, o bien, cooperaciones para traslados en camiones urbanos; aunque en la mayoría de las ocasiones los concesionarios se los proporcionaban gratuitamente.

Sin duda, estos cursos representaban una importancia sustantiva para los niños al ocupar su período de vacaciones en actividades útiles y de su agrado, cursos que hasta nuestros días se siguen ofreciendo.

Con motivo de los cambios al calendario escolar, los cursos de verano se ofrecen por espacios de 15 días, por parte de los DIF Municipales, la USI y otras instancias educativas, incluyendo a la Universidad de Colima.

Al margen de la reducción de tiempos obligados en, nos damos cuenta que los cursos de verano, en la actualidad, contrariamente a la gratuidad del pasado reciente, se ofrecen mediante lo que se ha hecho llamar cuota de recuperación, con lo que muchos padres de familia, al no contar con el recurso, no inscriben a sus hijos.

Sobre las cuotas, éstas en varios casos se señala que obedecen a la dotación de prendas de vestir que les identifican, traslados a sitios históricos o de interés, mochilas, materiales y otros motivos, los cuales en realidad pueden obviarse, esto si se tomaran en consideración las penurias que enfrentan amplios sectores de la población.

Al respecto, buen número de padres de familia, en el momento en que quieren inscribir a sus hijos, desconocen las aportaciones que tienen que hacer porque no se publican, y se dan cuenta hasta que ya están ahí por lo que en muchos casos optar por no inscribirlos.

De hecho, las inscripciones no faltan, pero éstas son solamente de padres que cuentan con capacidad económica, en tanto los de hogares de escasos recursos quedan al margen de estas actividades.

Por lo anterior, resulta más que necesario que las comunas, en sus presupuestos anuales, consideren los citados cursos, canalizando a los DIF lo necesario y se ofrezcan a los padres de familia sin costos mayores, tal como acontecía en el pasado reciente.

En ese mismo tenor, la Universidad de Colima debería programar dichos cursos con la colaboración del voluntariado, apoyo de los maestros del Iuba y de personal del área de deportes, a fin de poder ofrecerlos a costos menores; porque si bien el personal sale de vacaciones, en su momento podían ser reprogramadas a quienes participen en los cursos de verano.

Se expresa lo anterior porque nuestra Máxima Casa de Estudios, en los cursos de verano que oferta, del 22 de julio al ocho de agosto, hace un cobro de 800 pesos por los 15 días que duran, y 600 pesos a los trabajadores a su servicio.

La autoridades universitarias, en este caso, deben tomar en cuenta la situación económica que se vive, pues las aportaciones que se solicitan sólo puede cubrirlas un reducido segmento de la población, quedando fuera del alcance de la mayoría de familias, situación que lleva a nuestra Máxima Casa de Estudios a seguir perdiendo el sentido original de su creación, como fuera el de una institución de corte popular al servicio de la comunidad colimense.

Debemos reconocer que los cursos de verano son una actividad altamente positiva para la niñez, pues representan la oportunidad de que las nuevas generaciones aprovechen su tiempo libre en su formación y un ocio controlado.

Por lo tanto, esta situación reclama una programación de actividades bien definida y mejor orientada en la formación de las nuevas generaciones, pero sobre todo, poner estos cursos al alcance de todos, para lo cual es necesario presupuestar los gastos municipales y de toda instancia que los ofrezca, a fin de que dichas actividades no resulten onerosas para los padres de familia.