Referencias Políticas


Salvador Olvera Cruz.-

El bullying (o acoso escolar) en los centros escolares es algo que siempre se ha presentado; sin embargo, su recurrencia y agresividad es algo que profesores, padres de familia y autoridades educativas deben atender en la mejor de las formas.

Para nadie es desconocido que tanto los padres de familia como el profesorado son dos segmentos que en primera instancia se enteran y dan cuenta de la conducta de hijos y alumnos, respectivamente. De hecho, ambos cuentan con la oportunidad de valorar la conducta de los niños, sus agresiones a compañeros, razón por la que están obligados a orientarles y evitar todo aquello que incida en la armonía y sana amistad que debe prevalecer en los grupos escolares y familiares.

Lo anterior resulta importante, pues el llamado bullying es una conducta que debe combatirse con suficiente tacto y esmero, porque de no evitarse con oportunidad se generarán ciudadanos que en su momento serán personas carentes de los valores humanos, rompiéndose la armonía y paz social que la población reclama y merece.

Para anterior se requiere sin duda una orientación formal sobre el tema a los profesores, con la finalidad de saber tratar el tema, pues al escolar que acuse esa conducta debe tratársele en forma especial, haciéndole ver su error, sin llegar a extremos que antes de bien educarle y formarle, le genere resentimientos que antes de combatir su mal proceder, se le engendre en mayores dimensiones.

Asimismo, las autoridades educativas deben ofrecer a los padres de familia pláticas orientadoras sobre el tema, generar una relación cercana entre familia y docentes a fin de facilitar y lograr desterrar a lo máximo las conductas de acoso escolar.

El fin de semana anterior, el presidente de la Asociación Estatal de Padres de Familia, Julio Magaña Cervantes, manifestó que la aplicación de la ley estatal contra el acoso escolar será difícil, pues puede contraponerse con tratados internacionales de derecho a la educación suscritos por México.

Señaló que esperan trabajar en la reglamentación de la ley y externar las preocupaciones que tienen al respecto para evitar situaciones que puedan llevar a su inaplicación y convertirse en letra muerta.

Igualmente manifestó que en algunos aspectos, a observación de algunos gremios de abogados, existe la posibilidad de que esta legislación sea violatoria de garantías, así como el riesgo que dada la situación de que existe un mecanismo para sancionar conductas, se retome la idea de la cancelación de la matrícula para menores infractores.

Julio Magaña indicó que no se puede violentar el interés superior de la niñez “que todos los menores tienen el derecho de estudiar la educación básica y no debe existir una acción tan reactiva para que el niño cometa un error y castigarlo o que incluso puede ser una herramienta para estigmatizarlo o discriminarlo”.

Con el respeto debido, la dirigencia estatal de padres de familia juega un papel importante sobre el tema; sin embargo, lo externado por Magaña Cervantes, en el fondo carece de soluciones, cuando lo único que señala son derechos de los niños que no están en riesgo, pues la educación se ofrece al margen de conductas o faltas cometidas.

De hecho, el presidente de los Padres de Familia, a lo largo de los 10 años que lleva en el puesto, poco o nada ha hecho en beneficio del sector educativo, ignorándose incluso cuando fue reelecto en las últimas cuatro ocasiones, si es que se convocó para tal fin; pues la titularidad del cargo debe darse cada dos años.

Sobre el tema, los pedagogos y psicólogos enterados señalan que en el caso de los niños agresores, “se debe realizar un trabajo en conjunto con la familia, ya que es fundamental que ésta sea parte activa en el proceso de su hijo.

“Propiciar que participe en actividades dirigidas al desarrollo de la empatía y acompañar esta medida con atención psicológica. En algunos casos se debe complementar con consulta psiquiátrica, ya que puede ser necesario un tratamiento farmacológico”.

Igualmente, señala que cualquier niño puede ser víctima de acoso escolar, por lo que la comunicación en la familia y entre los padres o apoderados con la comunidad escolar es un agente protector a la hora de la prevención.

Puede haber conflictos sin agresión, pero no violencia sin conflictos, señala Karen Cristi, y agrega que “la prevención primaria corresponde a la responsabilidad que tienen los padres en el desarrollo del niño, brindar buenos ejemplos, enseñar a respetar a los otros y a su entorno, comunicarse cuando algo les molesta, educar las emociones, reconocer los sentimientos que pueden surgir en situaciones difíciles y ver formas de enfrentarlos adecuadamente”.

En síntesis, la familia es la principal fuente de amor y educación de los niños; y a partir de ella aprenden a socializar basados en lo valores, normas y comportamientos enseñados en casa, por lo que se debe evitar que los hogares se conviertan en un escenario hostil o por el contrario, demasiado permisivo.