Referencias Políticas


Salvador Olvera Cruz.-

Jorge Humberto Silva Ochoa

El miércoles de la presente semana, poco después de las siete de la mañana, me enteré del fallecimiento del ex rector de la Universidad de Colima, Jorge Humberto Silva Ochoa, a quien conocí en el año de 1955, cuando el suscrito cursaba el segundo año en la secundaria nocturna No. 2, que funcionaba en el antiguo edificio de la Escuela Primaria José María Morelos, contra esquina del Teatro Hidalgo.

El primer contacto con Humberto se generó en el marco de la naciente Federación de Estudiantes Colimenses (FEC), para dos años después, en 1957, ser compañeros de grupo cuando cursábamos el primer año en la Escuela Normal de Colima.

Posteriormente me tocó, ya como docente, a partir de 1960, continuar con su cercana amistad, tanto en el medio magisterial, político y estudiantil; pues la vida de Silva Ochoa siempre estuvo enmarcada en esa trípode de actividades que en el fondo supo compaginar, en aras de lo que él considero base para evolucionar el sistema educativo al que dedicó toda su vida.

A la distancia, los 59 años de trato cercano, amistad y acciones emprendidas, me parecen pocos años, pese a ser casi seis décadas de vida; pero cuando se encuadran los calendarios con tareas que se consideran importantes y de valor para evolucionar la educación, el quehacer político y el futuro del estudiantado de todos los niveles de enseñanza, los objetivos y buenas intenciones terminan por hacer corto el paso del tiempo.

Humberto, en forma sostenida y permanente, dedicó su vida a la educación; fue profesor de los niveles de educación básica, media superior y superior, así como director de escuela primaria y secundaria, coronando su larga trayectoria educativa con la de rector de la Universidad de Colima.

En su etapa estudiantil fue parte del grupo de jóvenes que fundaron la FEC, de la cual fue dirigente estatal. Silva Ochoa se coinvirtió en su momento, en el guía de los estudiantes, pues su capacidad, liderazgo y visión de lo necesario para elevar las oportunidades de estudio para las nuevas generaciones, fueron siempre su objetivo central y meta a alcanzar.

En apego a la realidad, debo manifestar que al conocer de sus fallecimiento, vinieron a mi mente un sinfín de recuerdos, tanto de las luchas estudiantiles, como las emprendidas en el gremio magisterial y las de corte político, las cuales eran como siempre lo ha sido, la puerta para poder vencer resistencias y alcanzar logros que enfilen a la sociedad hacia mejores horizontes.

Paralelamente a los recuerdos que me llevaron a vivir un amplio reportorio de acciones, saltó a mi mente la última vez que tuve la oportunidad y agrado de convivir más de dos horas en una comida -hace poco más de un mes-, a la que me invitara el delegado del Issste.

En dicha comida el ex rector compartió la mesa con dos médicos del Issste, sus amigos de antaño, J. Jesús Zepeda Alvarez, Arturo Figueroa Cárdenas, el suscrito y Noé Guerra Pimentel.

En la sobremesa, Humberto platicó tanto de temas actuales como de sus acciones llevadas a cabo como rector y una amplia gama de ejercicios emprendidas tanto en su quehacer en su etapa estudiantil, educativa, política, cultural y social.

Silva Ochoa fue una persona de trato amable, enterado del acontecer diario, abierto al diálogo, con alta capacidad de visión y dispuesto a orientar y apoyar a quien se le acercaba, pues siempre tenía la respuesta o consejo para resolver o superar los planteamientos que se le hacían.

Durante su vida docente y política siempre fue partidario del diálogo y comprensión para con quienes pensaban diferente, abriendo siempre la puerta a que fuera el tiempo en que definiera los aciertos y razones.

Si bien es cierto que la incomprensión se da con demasiada frecuencia y no falta que se juzgue en ocasiones a la ligera a nuestros semejantes, al margen de que no hay individuos perfectos, sí los hay donde los valores y virtudes superen en mucho a los errores normales que se cometen, uno de esos hombres que se distinguieron por sus valiosas aportaciones y aciertos a lo largo de su vida fue, sin duda, Jorge Humberto Silva Ochoa.

En realidad, hablar y opinar sobre él es emprender una larga tarea, pues sus quehaceres en los campos estudiantil, docente, servidor público, tarea como rector, e impulsor de la cultura, es algo ampliamente productivo, máxime cuando existiendo las pruebas de sus logros, se reclama de una valorización a fondo, para comprender sus aportaciones.

En respuesta a lo anterior, el domingo próximo escribiremos la primera parte de un reportaje sobre sus acciones y logros en su etapa estudiantil y rectoral, íntimamente ligadas a sus aportaciones a la UdeC y la entidad; en la segunda lo concerniente al ámbito laboral y cultural.