Referencias Políticas


Cabalgatas y prohibición de corridas de toros

Salvador Olvera Cruz

Los Festejos Charrotaurinos de Villa de Alvarez, que la semana próxima terminan oficialmente, son unas fiestas que desde su inicio han sostenido en forma importante su tradición, a la cual se le han sumado eventos y prácticas que han venido a enriquecerlas, de acuerdo a los tiempos que se viven.

Caber mencionar que las tradicionales cabalgatas que se llevaran a cabo desde el momento en que las fiestas pasaron de la Villa de Colima a la de Almoloyan -hoy Villa de Alvarez-, la autoridad municipal en turno y colaboradores se trasladaban a las inmediaciones de San Francisco -lugar en que los vaqueros y ganadero que prestaba los toros descansaban-, a fin de recibirlos y acompañarlos hasta el lugar en que se encontraban los corrales de la plaza de toros.

Al correr de los años, los grupos pequeños que integraban las cabalgatas fueron incrementando, ya que se iniciaban cuando los ganaderos y vaqueros eran recibidos, dando inicio la cabalgata al frente de la cual bailaban los mojigangos al acorde la banda de música y chirimía que les seguían, y más adelante, un cohetero con sus ayudantes provistos de morteros, cámaras y cohetes que quemaban, rompiéndose el clima de tranquilidad que por esas épocas prevalecía.

Se menciona lo anterior porque de un tiempo a la fecha se han dado las voces de personas que aduciendo el creciente tráfico vehicular y la creciente cantidad de jinetes, se necesita tomar medidas que eviten los problemas que se generan cada año en tiempos de dichos festejos.

Para evitar también los largos recorridos desde el jardín Libertad de Colima hasta la cada día más lejana plaza de toros, nada mejor que retomar la tradición de iniciar las cabalgatas del Jardín de San Francisco, medida que para nada rompe la conservación de la tradición, sino que la retoma respecto a su origen, al mismo tiempo que evita la problemática que se presenta.

Caso contrario en cuanto a tradiciones representa la prohibición que a últimas fechas se ha pretendido implantar en cuanto a las corridas formales de toros, propuesta encabezada actualmente por el diputado local del Partido Verde Ecologista, Mariano Trillo.

Trillo asegura que estos espectáculos no tienen nada que ver con la cultura y el arte, por el contrario, son espectáculos que atentan contra la dignidad de los animales, al mismo tiempo que señala que él siempre va a estar en contra de ese tipo de espectáculos.

En nuestro país, de acuerdo a los registros históricos, el toreo fue prohibido en su momento por los presidentes de la República, Benito Juárez y Venustiano Carranza, como también se ha dado la prohibición a niveles regionales y locales en todo el país, como en otras naciones, incluyendo algunas regiones de España, cuna del toreo.

La prohibición de las corridas de toros decretada por Benito Juárez fue en el año en 1867; sin embargo, dicho veto fue temporal, pues posteriormente y ante circunstancias tan adversas, tomar carta de naturaleza la costumbre de perdonar la vida a los toros de bravura probada en forma excepcional para aprovecharlos como sementales.

Igualmente, durante la segunda década del siglo XX, se marcó un hito en la historia taurina nacional, ya que en 1916, el entonces presidente de México, Venustiano Carranza, prohibió las corridas de toros, veto que se prolongó hasta 1920.

En ese tenor, Venustiano Carranza pasó a la historia al prohibir las corridas de toros en el Distrito Federal mediante un decreto que fue publicado el siete de octubre de 1916, obedeciendo más que nada a la inseguridad prevaleciente en ese tiempo.

Como un ejemplo de las prohibiciones y anuencias para la celebración de las corridas de toros que se dieran en nuestro estado, tenemos el testimonio de algunos decretos y actas levantadas en el Congreso del Estado, que en su momento fueron derogadas.

Sin duda, el caso de la prohibición de corridas de toros amerita una medida ajustada a la realidad y preservación de tradiciones, porque si de muerte y sacrificios se trata, no debemos olvidar que el ser humano como tal requiere de una formación y cambios de conducta a fondo para enmarcar su vida en el humanismo que debe poner en práctica día con día.

Por lo tanto, si en realidad se quiere asumir la conducta a la que estamos obligados como seres pensantes, deberíamos empezar por forjar generaciones respetuosas de sí mismas y sus semejantes; porque si sacamos cuentas, son más los seres humanos que pierden la vida y son vejados cada día a manos de semejantes, que los bureles que se sacrifican en las plazas de toros.