Referencias Políticas


Golpe de timón para vivir con justicia

Salvador Olvera Cruz.-

Los tiempos que se viven en el país, sellados por la inseguridad, marcadas desigualdades sociales, corrupción, impunidad, autoritarismo, falta de humanismo y respeto a los dictados de la ley y normas establecidas para la armonía ciudadana, es, sin duda, lo que ha generado en México, como en muchos otros pueblos del orbe, protestas y rencores hacia las esferas del gobierno que así proceden.

Cuando a nivel nacional la clase política se refiere a la gran familia mexicana, queda claro que esas grandes familias cuentan con un responsable de su destino, que si bien en el seno de los hogares el padre de familia es el responsable, ese mismo papel juega la clase gobernante en cada país, pueblo o entidad federativa.

Resulta común que en el seno de las familias se den conflictos cuando el padre incumple con sus deberes y compromisos, llegándose en ocasiones al momento en que los hijos abandonan el hogar en busca de nuevos horizontes.

Asimismo, resulta frecuente que al interior de las familias, los progenitores tracen líneas de conducta que deben seguir sus hijos; sin embargo, cuando los padres no las practican con el ejemplo, pierden la credibilidad y respeto de su familia, dando como resultado los desencuentros y distanciamientos.

En ese contexto, a nadie debe extrañar que la gran familia mexicana y de cada entidad federativa se pronuncien y rechacen políticas contrarias al compromiso y deber de los gobiernos; pues la violación a los derechos humanos, injusta distribución de la riqueza, corrupción, impunidad y violaciones a la ley han llegado al punto en el que la paciencia de la población ya no aguanta.

México, en estos momentos, reclama un alto en el camino en todo aquello que desde hace tiempo ha llevado a la población a vivir pacientemente las injusticias, pues en tanto la clase política incrustada en el poder percibe altísimos salarios que le permiten vivir con lujos de toda índole y sin hambre, sus representados tienen que trabajar todo un año o más, para percibir lo que aquellos ganan tan sólo en un mes.

En ese mismo tenor, la clase política viste trajes y ropas de importación de alto costo, se traslada en unidades móviles blindadas que cuestan miles de dólares; en tanto, la población se traslada a pie, bicicleta o autobuses urbanos, en el mejor de los casos.

Ante ese estado de cosas y circunstancias, es necesario, antes de que sea demasiado tarde, un cambio de rumbo, donde la clase política y funcionarios de primeros niveles devenguen salarios acordes a su responsabilidad y capacidad de la economía nacional, cerrar la puerta a la brecha de desigualdades que cada día se amplia para unos pocos y se cierra para millones de mexicanos.

Aparejado a lo anterior, es necesario poner un alto a la corrupción e impunidad, aplicando la ley con honestidad y humanismo, pues resulta más que criminal y vergonzante condenar al presidio a personas que roban una gallina para comer; en tanto, el servidor público, que roba millones de pesos del pueblo, se pasea por el mundo, no sólo como potentado, sino como “gente de bien”.

Si se pensó que con el movimiento revolucionario de 1910 México entraría a una etapa de progreso y justicia social, en realidad no aconteció ninguna de las dos cosas, pues no hemos dejado de ser una nación en busca del desarrollo, y la justicia social siguió siendo letra muerta.

Un ejemplo de las injusticias es el atroz asesinato del líder campesino Rubén Jaramillo y su familia, integrada por su esposa Epifania Zúñiga y sus hijos, Enrique, Filemón y Ricardo, sobreviviendo solamente su hija Raquel, quien logró evadir el cerco policiaco-militar.

El asesinato de dicha familia se generó en 1962, en un hecho sangriento que al ser analizado, arrojó como resultado que la familia campesina inmolada fue baleada con armas y municiones reglamentarias de uso exclusivo del ejército, participando elementos de nuestras fuerzas armadas y policía judicial federal, quienes asestaron a los inmolados el tiro de gracia.

Narrar hechos de sangre de luchadores sociales y crímenes de Estado, es algo hasta cierto punto de sobra conocido, a lo que hay que sumar la desaparición reciente y presunto asesinato de los 43 jóvenes normalistas de Ayotzinapa, masacre a la que después de buscarle y darle vueltas, se está forjando una historia donde quedarán impunes los culpables.

Adelantándonos a los hechos, no es remoto augurar que si bien la PGR está ofreciendo una recompensa millonaria por quien o quienes aclaren el caso; finalmente, se buscará otorgar a los padres de los inmolados beneficios sociales y económicos, en busca de cerrar esta horrible página, que se cubrirá con dinero del pueblo de México.

Habrá que ver hasta dónde llegan las cosas, pero lo más importante radica en cambiar el sistema político en que hoy mal vivimos, que de no ponerse en orden, peor existencia nos espera.