Recordando a Don Paco Zaragoza


Francisco Zaragoza de la Fuente.-

Han pasado 7 años de la partida al cielo de nuestros queridos padres, Don Paco y la señora Amalia, y aún sigo escuchando sus consejos y sugerencias que llenos de amor y sabiduría  recibíamos.

Trataré de narrar los ricos pasajes de la vida de mis padres, y agradecer el privilegio de haberme dado la vida, pero más aun, por haberme dado ejemplo de trabajo, de honestidad,  de servicio y fortaleza; lo más importante fue el ejemplo como pareja, ya que jamás observé enojos o desavenencias entre ellos, fue una enseñanza que me mostró el camino a seguir en el futuro, por eso cuando conocí a mi hermosa, trabajadora, amorosa compañera y esposa Teresa Velasco de Zaragoza, se volvió a reflejar esa armonía. Ella y nuestros hijos Gaby y Paco son los impulsores que han trazado mi vida y me han hecho sentir muy orgulloso y digno de ellos.

Pero volvamos a las vivencias que disfrutamos con Don Paco y Doña Amalia, siempre igual que en todas las familias, esperábamos los domingos, ya que eran días de convivir y jugar con nuestros papás y entrañables amigos del barrio. -Saludos Familia Brizuela, Uribe y Orozco- . Eran paseos al  campo de aviación, nombre con que era conocido el antiguo aeropuerto, y a donde acudían numerosas familias y parejas de novios para disfrutar de los tranquilos atardeceres, así como también de la constante brisa que apaciguaba el calor en la época que había más aire, el cielo se cubría de numerosos papalotes multicolores, los cuales eran construidos y diseñados en forma artesanal.

Fueron tiempos hermosos  donde se respiraba un aire de paz y cordialidad en la sociedad colimense, tiempos  en que no existía inseguridad y que era costumbre dejar las puertas de los hogares abiertas y por las tardes las familias con equipales sobre las banquetas, convivían y esperaban al panadero que regularmente pasaba en su bicicleta con el canasto de pan sobre su cabeza y una cabrilla de madera que era donde colocaba dicho canasto. Era costumbre después de pagar el pan, que las amas de casa exigieran la ganancia, la cual consistía en  el pilón.

Me permitiré cerrar esta narrativa, con una composición de mi padre y que estoy seguro ellos estarán disfrutando.

Aún en el más allá

En la vida tropezamos con sufrimientos profundos, cuando el destino quiso pasara por esa etapa con espinas en mi senda. Fue entonces que te encontré muy cerca de mi camino, y con tu fresca hermosura volvió a renacer en mí. Mejorar mi situación para con sinceridad y amor poner a tus pies mi vida.

Ahora después de los años, cuando nuestros muchos hijos, aumentan nuestra gran dicha, mi amor es aún más grande que cuando te conocí, ruego a Dios de corazón permita que nuestra almas, sigan gemelas unidas aún en el mas allá.

Francisco Zaragoza Vázquez.